• Mayo 7, 2008, 12:43 p.m.
Trillado pero cierto, “El respeto al derecho ajeno, es la paz”, dijo una vez Benito Juárez.  De vez en cuando –muy de vez en cuando-, leo algunos de los blogs en EL NUEVO DIARIO, y en ocasiones doy una pasadita por los comentarios de quienes los leen.

Además de aprender un poco de la opinión de quienes los escriben, he llegado a la  conclusión de que los blogs reflejan, en su mayoría, el nivel de intolerancia e irrespeto de aquellos que los comentan.

Los comentarios son diversos. Hay quienes simplemente rechazan la opinión de quien escribe, pero otros rayan en el irrespeto y en el ataque frontal hacia el autor. Lo grave del asunto es que los comentarios se vuelven constestatarios de otros comentaristas del artículo en cuestión, creando en ocasiones verdaderas batallas verbales llenas de rencor y hasta odio entre unos y otros.

Si las críticas esgrimidas fuesen en términos realmente constructivos, no se armaría el tremendo zafarrancho de ataques y contrataques. Seguramente este mismo blogs provocará el rechazo y hasta álgidos comentarios de muchos de los asiduos lectores de estos espacios.

Sin embargo, en lo personal no me molestarán, como no me molestaron la primera vez que me atreví a escribir un blog.  Además, por mi profesión, estoy acostumbrado a esta clase de situaciones en las que muchas veces, quienes ejercemos el periodismo, terminamos severamente ofendidos y dañados moralemente.

Si creo –y estoy seguro de ello-, que tanto los autores, como los lectores, merecen un poco de respeto, por lo que las críticas a sus escritos deberían ser más comedidos y mesurados; menos belicosos y libres de cualquier resentimiento y prejuicio.

No es bueno prejuzgar a un articulista por el uso de una frase o por la utilización de una palabra determinada. Hay que ver el escrito en su conjunto, como un todo.  Ciertamente los mensajes están llenos de códigos, pero si sólo nos dejamos guíar por uno de esos códigos y no por el conjunto, terminaremos haciendo el tipo de crítica que se estila en los blogs.

No es mi intención “iluminar” a nadie, simplemente es un llamado a respetar, para que nos respeten; a tolerar para que nos toleren. ¿Se imaginan ustedes si la palabra escrita o verbal se conviertiera de pronto en un misil?
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