• Mayo 29, 2013, media noche

No hay duda que coexistimos en un país sumamente complejo. Hemos destacado por años, por ejemplo, que la cooperación extranjera, pública y privada, se venía reduciendo progresivamente y que eso tendría un impacto negativo; pero criticamos apasionadamente al gobierno por gestionar otras fuentes de cooperación, como la venezolana, que ha venido a reemplazar en alguna medida la ayuda tradicional, más ahora que países como Estados Unidos de América (EE.UU) y de la Unión Europea (UE) no están en condiciones de colaborar como antaño, pues están inmersos en resolver sus problemas de alto endeudamiento, bajo crecimiento y alto desempleo.

Otro ejemplo, es que hemos refutado con toda razón que no existe claridad sobre cuáles serán los motores para impulsar el crecimiento económico del país en el mediano plazo, especialmente a la luz del agotamiento de la demanda externa, propiciada por la lenta recuperación en EE.UU (nuestro principal socio comercial), la crisis financiera de la UE y la reciente caída en los precios de nuestros productos de exportación (café, maní, carne, azúcar, etc.). Sin embargo, reaccionamos negativamente cuando el gobierno empuja proyectos como la refinería o el canal interoceánico, que de darse, podrían impulsar la demanda interna por décadas, garantizando crecimiento sostenido. Pero no, los rechazamos tajantemente, sin ni siquiera reparar que sin crecimiento económico no hay empleos, sin empleo no hay reducción de la pobreza, ni soluciones a las carencias más esenciales de los nicaragüenses.

Para evitar suspicacias, debo aclarar que no es que estoy de acuerdo con todo lo que hace la actual administración del presidente Daniel Ortega. Es evidente que vivimos en una democracia joven e incipiente y sobre todo sui generis, con numerosas debilidades que se necesitan superar. Para que la economía crezca más y mejor, en un marco democrático, todos los gobiernos, incluyendo el actual, deben trabajar de forma ardua y constante para fortalecer las instituciones, mejorar la seguridad jurídica, aumentar la transparencia de los procesos electorales y buscar soluciones integrales al problema de la propiedad. Ciertamente, el camino está lleno de dificultades y obstáculos, de los que tenemos que estar vigilantes, pero delineando propuestas constructivas y propositivas.

Pero somos tan complicados o enredados, por no decir otra cosa, que cuando representantes del empresariado, como el COSEP, tratan de fabricar puentes de entendimiento entre el sector público y el privado, o procuran jugar el difícil papel de ayudar a mantener un balance para que Nicaragua avance, usamos la vía más fácil: la crítica destructiva y la descalificación, “dogmática e infalible”, que a lo único que llevan es a la inmovilidad y al retroceso. A un gran costo, esas personas trabajan en condiciones difíciles para mantener los conductos de comunicación abiertos entre el gobierno y la empresa privada, lo que ha permitido poco a poco, que la economía avance, al margen de las controversias y las complicaciones políticas que aquejan al país.

El prestigioso entrenador del legendario jugador de baloncesto Michael Jordan, de los Toros de Chicago, Dean Smith, le dijo al inicio de su carrera: “Mike, si no puedes pasar la pelota, no puedes jugar.” En este espíritu, es esencial reflexionar, para no mantenernos con una actitud destructiva, sobre la conveniencia de proceder de forma proactiva y valerosa a buscar soluciones en conjunto, porque pensar que nuestro destino no está ligado, es como decirle a la persona que está en el otro extremo del mismo bote en que navegamos, que su lado se está hundiendo.

 
* Doctor en Economía de la Universidad de Cornell

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