• Jun. 5, 2013, media noche

A la par que la calidad de la educación es una construcción social compleja, multicausal y multivariable, imposible de definir solamente en función de uno de sus factores, como son los maestros y maestras, propuestos falsamente por la ideología que llamamos magisteriocentrista, también y quizás por lo mismo, es una categoría de difícil conceptualización, no existiendo ninguna definición que por su generalidad, se acomode a todos los intereses, visiones o expectativas de todas las personas y todos los sectores e instituciones de un país.

En este orden, por ejemplo, la posición de los estudiantes respecto de la calidad de la educación que reciben, y de la cual ellos participan activamente, es probable que sea diferente a la posición de sus profesores. Quizás lo que pase, es que según sean los resultados, unos y otros se echarán las flores y las culpas. Igual pasa con la opinión y expectativas de los padres y madres de familia y la posición de los empleadores, unos y otros, es probable tengan visiones y exigencias diferentes a la educación y sus instituciones. Para los primeros, la calidad de un centro educativo o de una maestra o maestro, y por ende de la calidad de la educación que reciben sus hijos e hijas, será el resultado de observar y comparar la relación entre los adelantos en sus aprendizajes y las calificaciones obtenidas por estos.

En cambio, la calidad de la educación para un empresario o el encargado de una oficina gubernamental, se medirá tanto por la cantidad y calidad de las destrezas, habilidades y conocimientos relacionados con un campo de saberes determinado, sea en los terrenos de las ingenierías, la economía, la salud o la educación, como por los valores y actitud frente al trabajo, puestos en práctica en el desempeño de las mismas y adecuadas a los intereses y necesidades de ganancia y acumulación de quien compra esa fuerza de trabajo y paga por esos conocimientos y esos valores.

La relatividad del concepto de la calidad de la educación, no lo es solamente respecto de las personas que en un momento dado, en una encuesta por ejemplo, opinan sobre este tema según sea su rol social, sino que también las diferencias son respecto de los diferentes países, tiempos o épocas, o respecto de los diferentes lugares o instituciones educativas de un mismo país.

Respecto de los países, las diferencias son muy grandes. En Costa Rica, por ejemplo, se reafirma la necesidad de una educación integral, que incluya a la par de las Ciencias, la enseñanza de la educación cultural, las artes y los deportes. En Nicaragua las urgencias son en matemáticas y español, y en Panamá, Uruguay y Chile el idioma inglés y la computación, son las condiciones para que la educación pueda ser considerada de buena calidad.

Respecto de las épocas, no es igual hablar de calidad de la educación en Nicaragua en los años de la revolución sandinista, que hablar de esta construcción social hoy en los años del neoliberalismo, los referentes de análisis y comparación son radicalmente diferentes. Valores patrióticos y de solidaridad en la primera vs. valores del dinero en la segunda. Igual pasa con las instituciones, no es igual hablar de calidad de la educación en el Colegio Americano o el Centroamérica, que en el Instituto Ramírez Goyena o la escuela rural Piedras Grandes, de la comarca de Amerrisque de Juigalpa, las Misiones, Visiones, Principios y Objetivos y las condiciones objetivas y subjetivas de cada institución son diferentes.

En este contexto de múltiples interpretaciones, en Nicaragua como en la mayoría de los países, dos concepciones de educación y de calidad de la educación se encuentran enfrentadas, la del mercado que privilegia valores mercantiles, que todo lo que toca lo convierte en mercancía y le pide a la educación que enseñe destrezas, habilidades y competencias, y la que pregona que la educación es un derecho que privilegia los valores de las personas, su autonomía, su capacidad de reflexión crítica y su libertad.

 

* Profesor UNAN-Managua

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