• Jun. 25, 2013, media noche

No puedo imaginar un mundo sin libros como pronostican los profetas de la era de la Internet. No puedo imaginar mi casa, mi oficina y la escuela de mi comunidad sin una biblioteca. No puedo imaginar la biblioteca pública de mi comunidad reducida a diminutos archivos digitales donde reine solo el frío clic de un ratón o de una tecla para leer.

Porque el libro es como un compañero que no solo nos educa y hace vagar nuestros pensamientos, sino también nos acompaña en momentos de soledad y de estrés. Cuando yo leo un libro, generalmente de historia o temas sociales, siento que el tiempo no existe, que vivo en otro mundo, y lo mas que leo lo mas que quiero navegar entre un mundo de páginas olorosas a imprenta.

La gran duda de que si llegará un día en que incluso los niños de las escuelas ya no necesitaran mochilas llenas de libros y cuadernos está planteada, y es mas acuciante para quienes vivimos en países altamente desarrollados como Estados Unidos.

Recientemente, en mi distrito escolar, donde trabajo, las autoridades educativas anunciaron que a partir del nuevo año escolar, cada escuela y cada estudiante tendrá en sus manos una tableta iPad como nueva herramienta digital de aprendizaje. Y aunque vivimos en una sociedad muy modernizada, los lideres de las juntad educativas se preguntan si esta innovación acaso no estará marcando el principio del fin del uso de libros en nuestras escuelas.

El temor es justificado. Si es bien cierto la tecnología es una fuente vasta para obtener conocimiento y habilidades, esta también puede conducir a la pérdida del contacto tradicional maestro-estudiante. Preocupa también si nuestros estudiantes tentados por el vasto mundo digital que tendrá en sus manos, le dará uso adecuado a su tableta en la escuela o fuera de la escuela.

Adicionalmente existe otra preocupación, y sobre esto los expertos están de acuerdo: Que si la efectividad de la lectura digital es inferior a la efectividad de leer un libro, porque el libro no permite desconcentrarse porque su contenido es solo eso, lectura, y no como la lectura digital donde la Internet permite distracciones que pueden descarrilar el verdadero propósito de la lectura.

Como la lectura y la escritura están muy estrechamente ligadas, la escritura también puede resultar afectada. La principal repercusión sería en la ortografía del estudiante. En Estados Unidos, igual que en los países pobres, el lenguaje escrito es “asesinado” brutalmente cada segundo través de los mensajes de texto y los mensajes en las redes sociales.

Entonces, integrar la lectura y la escritura digital en las escuelas, plantea un colosal reto para los educadores: Como mantener un control efectivo sobre el uso apropiado de una herramienta digital en manos de niños y adolescentes que están en proceso de formación educativa elemental?

La lectura y la escritura digital son muy diferentes a la lectura de un libro y la escritura a mano. Cada vez que tecleamos en la computadora nuestros papeles de trabajo, inadvertidamente cometemos errores de ortografía, no importa nuestro nivel de dominio de la gramática, y esto parece estar relacionado con la velocidad con que tecleamos y por la falta visible de un papel que manipular.

Por ahora, ya no podemos retroceder al punto donde antes estaba la lectura tradicional, sin rivales ni métodos alternativos para leer. Pero no subestimemos esta verdad: Que la tecnología aunque poderosa, también es riesgosa. Y de eso hay pruebas abundantes, que es material para otro análisis.

 

* Periodista

Kansas, U.S. A., Junio 24/2013.

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