• Jul. 7, 2013, media noche

Las remesas familiares han mostrado un gran dinamismo en la última década. Según el Banco Central de Nicaragua (BCN), en el año 2012 sobrepasaron los mil millones de dólares, aunque algunos expertos señalan que probablemente ese monto esté subestimado. Hay mucha información valiosa sobre la evolución, importancia y distribución geográfica de las remesas, pero poco se sabe sobre las caracteristicassociodemográficas de los destinatarios o de sus prácticas y actitudes financieras.

En los años 2011 y 2012, el Banpro, en conjunto con la Organización Internacional de la Migración (OIM) y el apoyo técnico del Diálogo Interamericano (IAD, por sus siglas en inglés), llevaron a cabo un programa de educación financiera para los beneficiarios de remesas, que también sirvió para realizar una importante encuesta, con una muestra de cerca de 10 mil destinatarios de las ciudades de Managua, Masaya, Chinandega y Estelí.

Por los lugares de residencia de los remitentes, se sabe que el 65% de las remesas fluyen de Norte a Sur, la mayor parte de Estados Unidos de América; y el resto, 35%, de Sur a Sur, principalmente de Costa Rica. Las diferencias con los datos del BCN no son significativas, aun cuando la fuente de información sea diferente.

Por la encuesta también se sabe que 8 de cada 10 destinatarios de remesas son mujeres, y que el 80% del total de remesas son enviadas por familiares directos, aunque la importancia relativa de estos varía según el sexo de quien las recibe. Es decir, cuando quien recibe la remesa es mujer, los envíos son hechos con mayor frecuencia por el esposo o hermano/a; mientras que si es hombre, las remesas son remitidas con mayor frecuencia por el hermano/a o el padre/madre.

La encuesta también ofrece datos interesantes sobre interrogantes frecuentes sobre las remesas, como el tema del retorno de los remitentes al país de origen o las probabilidades de desempleo de los mismos, en períodos determinados. Pero a mi juicio, los datos más relevantes son los que permiten ver elementos relacionados con el mercado laboral.

Se encontró que 9 de cada 10 personas que reciben remesas, están en edades de trabajar, y el 43% de ellas expresaron no tener otro ingreso aparte de las remesas. Asumiendo que el número de transacciones es proporcional a la cantidad de receptores, se puede deducir que cerca de 930 mil nicaragüenses recibieron remesas en el año 2012. Y aunque las estimaciones del BCN son más conservadoras -680 mil destinatarios activos aproximadamente- en ambos casos las implicaciones son sorprendentes: entre 277 mil y 380 mil nicaragüenses, que equivale a una suma que está entre el 44% y 60% del empleo formal del país (el INSS terminó el 2012 con 625 mil afiliados), están en edad productiva, pero sin trabajo y subsistiendo exclusivamente de las remesas que reciben.

Estos números tienen grandes implicaciones y, por ende,constituyen grandes retos y oportunidades, tanto para las instituciones privadas que ofrecen el servicio de pago de remesas, como para el sector público, que tendrá que enfocarse en este tema, si es que quiere minimizar los potenciales impactos negativos de las remesas familiares en la mano de obra, principalmente la no calificada, y en la productividad.

Desde el sector privado, es necesario educar a los que reciben remesas, para incorporarlos al sistema bancario y fomentar entre ellos una cultura de ahorro y de inversión. Habrá que mejorarles el servicio brindado, aumentándoles los puntos de atención donde reciban sus remesas y creando nuevos productos que les permitan transformarlas en transacciones rápidas y baratas.

Desde el sector público, es importante coordinar las campañas de educación financiera, para evitar esfuerzos aislados y duplicidades. Se deben crear sistemas de entrenamiento para que los destinatarios de remesas, en vez de estar ociosos, reciban adiestramiento y se puedan incorporar a actividades que les permitan reemplazar las remesas con otros ingresos, en caso de que éstas se vean interrumpidas o lleguen al final de su ciclo.

Finalmente, la mayor parte de los encuestados señala que la principal razón por la que no se incorporan al sistema bancario, es la dificultad y tardanza para abrir una cuenta bancaria. Por lo tanto, es necesario revisar las regulaciones, como se ha hecho en otros países, para que sin necesidad de ampliar los riesgos, se encuentre un marco adecuado que no someta a los receptores de remesas a los engorrosos requisitos de apertura de cuenta que se ha venido imponiendo al resto de usuarios del sistema financiero, por motivos de prevención de lavado de dinero.

El conocido escritor, director y actor estadounidense, Woody Allen, dijo: “Me interesa el futuro porque es el sitio donde voy a pasar el resto de mi vida.” Yo digo que el futuro es hoy, porque el impacto de las remesas en nuestra economía es demasiado importante para empezar mañana, y porque, aunque no estemos seguros si vamos a estar aquí en el futuro, sí sabemos que es exactamente ahí donde nuestros hijos van a pasar el resto de sus vidas.

 

* Director y Gerente General de Banpro

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