• Jul. 29, 2013, media noche


Hay en Nicaragua un personaje del que todos o una gran parte de la población habla, pero al que pocos tienen cariño o eso dicen. No se trata de un político, ni de un actor de telenovela, aunque algo hay en el asunto. Nació en Granada, alguna vez quiso ser alcalde de Managua y se hace llamar “El Matador”.

Se trata de Ricardo Mayorga. Un boxeador profesional nicaragüense (40 años),  campeón mundial en la categoría de peso welter (147 libras) y  también en mediano  y ligero (154 libras). En el país no destaca precisamente por su trabajo de soltar golpes y puñetazos, si no por sus comentarios vulgares, salidos de tono y muchas veces ofensivos. En algunas conferencias previas a las peleas se le veía  fumando cigarrillos con desparpajo.

Se retiró en 2011, pero quería que los focos les siguieran iluminando. Este año empezó su carrera profesional en las Artes Marciales Mixtas (AMM), un deporte de combate que incorpora golpes y técnicas de otras disciplinas. El pasado 27 de julio fue su segunda pelea en éste tipo de deportes y se enfrentó al cubanoamericano René Level.

Usa poco las redes sociales, pero cuando las utiliza, lo hace con el mismo filo que cuando suelta cualquier insulto a su contrincante en una conferencia de prensa. A Level le advirtió por Twitter así: “Espero que cuando  te mande al hospital en 30 segundos tu mamá no me quiera demandar como a ti”.  

Esos comentarios antes de la pelea son recurrentes en el excampeón de boxeo y son los que ponen de los nervios a muchos nicaragüenses que le siguen.

No conozco, ni he conocido a un personaje que concite tanta antipatía y desprecio en Nicaragua y que además, se jacte por ello. Hace diez años confesó en una entrevista: “Allá en mí patria son unos guatuseros (hipócritas), eso no me importa porque soy guerrero”.  

Las calificativos más suaves que ha dicho la gente de Ricardo y aquellos que siguen más de cerca ese deporte han sido: es un tapudo, arrastrado, mentiroso, escoria y vergüenza nacional.  No he encontrado todavía a nadie que hable bien de él y que destaque sus cualidades profesionales.

Sin embargo, creo que éste hombre es un juguete roto y que encarna sin pretenderlo, lo peor de los vicios de una parte de la sociedad nicaragüenses. Es machista, vulgar, irrespetuoso, oportunista, borracho y arrogante. Es también el espejo de una sociedad en la que nadie quiere verse, pero en la que muchos de alguna manera se miran reflejados.

Acostumbrados a vivir en un mundo en el que cada vez se valora más lo políticamente correcto, la gente no le critica tanto por lo que hace, sino por lo que dice. A muchos no les gustan los comentarios que hace, pero son los que normalmente usarían en una conversación con sus amigos. No se corta nada al hablar y machaca constantemente contra su adversario.

Mayorga tiene la capacidad de sacar a flote la doble moral de algunos nicas, pues aunque haya muchas personas que lo vivan atacando constantemente, cuando pelea, el país se mantiene en vilo.

Si la velada es en Nicaragua, el estadio se llena y gane o pierda, la gente está ahí, muchos para vitorearlos, otros más para abuchearlo. No estoy tan seguro que todos los nicaragüenses que fueron a verle el sábado pasado salieran satisfechos con la derrota de Mayorga.

Al margen de todos sus conflictos con la justicia por maltratar a su pareja y  las discusiones sobre su militancia política, están las cosas buenas de este personaje nicaragüense amante de las carreras de carros.

A nadie se le ha de olvidar que a punto de golpes y sacrificios tuvo que salir de la pobreza. Y eso creo que es meritorio para él y para cualquier otra persona. Como la mayoría de los boxeadores nicaragüenses procede de una familia pobre, con problemas personales serios y con muchas limitaciones económicas.

Ricardo ha ganado más peleas de las que ha perdido, y aunque alguna vez dijo que es mejor ganar una batalla con un buen contrincante, que con un desconocido, creo que los hechos están ahí.

Tampoco hay que perder de vista que es un personaje y actúa como tal. Lo de las lágrimas después de la derrota y las disculpas al pueblo nicaragüense, puede que sean parte del guión o no, pero estoy seguro que el solo hecho de cuestionarlas es un indicativo del tipo de sociedad en la que nos movemos.  

*El autor es periodista. Tiene un Máster en Comunicación en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y Escribe en el Blog:tropecientaspalabras.worpress.com

Facebook: Deylin Gutiérrez

Twitter:Deylin_G

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