• Jul. 29, 2013, media noche

Uno de los inesperados beneficios de servir en el Cuerpo de Paz en Nicaragua es poder observar otros programas del Gobierno de Estados Unidos operar en mi pequeña zona de acción en este país.  Entre éstos están las iniciativas de la USAID, los proyectos agrícolas financiados por la embajada y diversas formas de educación por internet.  El programa más cercano a mi corazón aquí en Nicaragua, sin embargo, es Access, un programa de enseñanza gratuita e intensiva del idioma inglés dirigido a estudiantes de escasos recursos con mucha motivación.   Uno de estos estudiantes es Einer.

Conocí a Einer, de 15 años, la primera semana que llegué al lugar donde trabajaría impartiendo clases de inglés y formando docentes.  Me buscaba todos los días, para preguntarme sobre el significado de algunas palabras y expresiones en inglés.  Los estudiantes de Nicaragua van uniformados a la escuela, razón por la que a veces resulta difícil darse cuenta de su posición socio-económica.  Sin embargo, pude enterarme de su condición cuando vi a su madre, quien vino a la escuela para un evento para los padres de familia.  Einer es uno de los estudiantes más pobres de la escuela.  La familia subsiste con US$40 a la semana en una comunidad alejada de la escuela.  Su casa de adobe carece de electricidad.  La madre de Einer acarrea agua de un pozo comunitario para poder bañarse y lavar ropa.  Sin embargo, alguien le regaló un diccionario Español/Inglés, su más valiosa posesión.  La madre de Einer me dijo que él estudia todos los días hasta altas horas de la noche, buscando el significado de nuevas palabras y tratando de pronunciarlas.  “Me encanta el inglés”, dice Einer.

Después del primer año en mi lugar de servicio, me ofrecí como voluntaria para enseñar en un campamento de una semana patrocinado por el programa Access.  Allí aprendí que Access brinda clases de inglés en muchas ciudades de Nicaragua.  Los estudiantes aplican al programa, por medio de la presentación de ensayos y facturas de servicio de electricidad, lo último seguramente para demostrar el estatus financiero de la familia.  Si son aceptados, los estudiantes asisten a clases, con un excelente profesor de inglés nicaragüense, dos horas al día, los cinco días de la semana, por un período de dos años.  Las clases son impartidas totalmente en inglés, como ocurre con el campamento al que pueden asistir una vez durante su curso de dos años.  En el campamento me sorprendió la habilidad de los estudiantes de comunicarse en inglés.  El método Access obviamente funciona.

De regreso a mi lugar de servicio, me avisaron que Access estaba abriendo un nuevo programa en una ciudad que dista a media hora en bus de la comunidad donde vive Einer.  Le comenté a Einer y a otros cuatro estudiantes sobre las clases.  Todos aplicaron y fueron aceptados.  La mayoría de los estudiantes de Access viven en las mismas ciudades en que se imparten las clases, pero mis estudiantes viven en comunidades distantes.  Les costaría cerca de US$7 a la semana ir y venir de sus clases, algo imposible para mis alumnos.  Cuando expliqué el problema, Access encontró un pequeño fondo para cubrir los costos de transporte.

Einer y sus compañeros de escuela han asistido fielmente al curso.  Después de sólo seis meses de instrucción, Einer solo me habla en inglés.  Su fluidez es tan buena y su pronunciación tan clara que ha logrado superar las habilidades de muchos de los profesores de inglés en la escuela a la que asiste.  Su historia no solo nos brinda una lección de motivación, sino también de la eficacia de los programas gubernamentales cuando son bien concebidos y ejecutados.  “I love the United States”, expresa Einer.

 

Access to a Future

By Carol Lindsay

One of the unexpected benefits of service in the Peace Corps here in Nicaragua is the opportunity to observe other U.S. government development programs operating in my small part of this poor country.  There are USAID initiatives, embassy-sponsored agricultural projects, and all kinds of internet education possibilities, but the program closest to my heart here is Access, a program which provides free, intensive English education to poor but motivated Nicaraguan students. One of those students is Einer.

I met fifteen year old Einer the first week I arrived on site to begin my work as an English teacher and teacher trainer.  Every day he sought me out, asking about the meanings of English words and expressions.  Nicaraguan students wear uniforms to school and for this reason it is sometimes hard to know how they fit in the socio-economic picture, but Einer’s mom, who came to school for a parent event, let me know.  He is among the poorest students at the school. The family lives on about $40 per month in a community a distance from the high school.  Their adobe house is without electricity.  Einer’s mom hauls water from a community well for bathing and laundry.  However, someone gave Einer a Spanish/English dictionary, his prized possession.  Einer’s mom told me that he studies it as late as he can every night, looking up new words and trying to pronounce them.  “Me encanta el inglés,” said Einer.

After the first year in site I volunteered to teach at a week-long camp sponsored by the Access program and there I learned that Access offers classes in many cities in Nicaragua.  Students apply to the program, submitting personal essays and electricity bills, the latter I think as an indication of family financial status. If accepted, they study two hours a day, five days a week for two years with an excellent Nicaraguan English teacher.  The classes are held entirely in English, as is the camp which students can attend once during their two year course.   The students I met at camp were amazing for their ability to communicate in English.  The Access approach obviously worked.

Back in my site I received word that Access was opening a new program in a city a half hour bus ride from Einer’s community.  I told him and four other eager students about the classes.  They applied and were accepted. Most Access students live in the cities where the classes are given.  But my students lived in outlying communities.  It would cost about $7.00 a week each to get to and from classes, something my students could not pay.  When I explained the problem, Access found a small fund from which it could pay the transportation cost.

Einer and his classmates have been faithfully going to class. After just six months of Access instruction, Einer speaks  only English with me now.  His fluency is so good and his pronunciation so clear that he outstrips the abilities of many of the English teachers in the high school he attends.  His story is a lesson in motivation, but also in the efficacy of well conceived and executed government programs.  “I love the United States,” says Einer.

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