• Ago. 12, 2013, media noche

De acuerdo con Alberto Alesina, profesor de Economía Política de la Universidad de Harvard, no existe evidencia de una correlación estable entre la democracia y el crecimiento. Para decirlo de otra manera, no hay pruebas de que las democracias crecen y se desarrollan más o menos que los regímenes autoritarios.

Hay gobiernos dictatoriales que han favorecido el crecimiento (como el caso de Chile, Taiwán, Singapur y Corea del Sur), mientras que otros han destruido sus economías (Cuba, URSS y Corea del Norte). También existen democracias muy exitosas como los Estados Unidos, Canadá y los países de Europa Occidental, igual que hay democracias cuyas economías han tenido desempeños mediocres como India, Portugal y Argentina.

Para William R. Keech, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de Duke y de la Universidad de Carnegie Mellon, el régimen político no influye tanto en el desempeño de la economía, como sí lo hacen las políticas públicas. Tanto las democracias como las dictaduras pueden adoptar políticas que promuevan y faciliten el crecimiento económico, pero estas políticas deben ser mantenidas en el tiempo para permitirles que generen resultados.

¿Cuáles son estas políticas? Para Allan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal de los Estados Unidos, las políticas públicas deben de promover, primero, un alto nivel de competitividad tanto interno como externo, especialmente para los países en desarrollo, que le permitan una exitosa integración al comercio mundial (libre comercio); segundo, una política monetaria y fiscal que mantengan, ante todo, estabilidad macroeconómica; tercero, instituciones sociales y políticas que aseguren a la economía trabajar sin restricciones de inseguridad para sus actores (estado de derecho). En ningún momento se menciona elecciones libres.

La pregunta entonces es ¿por qué la mayoría de los países desarrollados son democracias? De los 30 países con el PIB per cápita más alto del planeta, 25 (83.3 %) son democracias y los otros cinco son monarquías petroleras. El PIB per cápita de los países democráticos es 3.8 veces mayor que los países con gobiernos dictatoriales (ver Karl H. Knutsen, 2011).

El problema está en la definición de democracia, según los economistas John Gerring y Carola Moreno, de la Universidad de Boston; y Philip Bond de Wharton (UPen) y William Barndt de Princeton. Efectivamente, análisis que han tomado simplemente el estatus de un país en un año dado y calificándolo como democracia solamente porque tienen un sistema electoral multipartidario, al hacer regresiones con los indicadores de desarrollo económico no se encuentra ningún tipo de relación estable.

Un estudio presentado por estos autores argumenta que la democracia debe ser entendida como una cantidad de condiciones acumuladas (stock), en lugar de un nivel específico. Este estudio determinó que en democracias maduras, donde se juntan condiciones como institucionalización, desarrollo de capital humano, desarrollo de capital social y desarrollo de capital físico, sí se encontró una alta relación entre el avance de la democracia y el desarrollo económico alcanzado.

Pero de todos los requisitos, el estado de derecho es generalmente reconocido como un ingrediente clave en el establecimiento de condiciones ideales para alcanzar un crecimiento económico fuerte y sostenible en el tiempo, porque este permite tener reglas claras y estables, derechos de propiedad sólidos y sistemas jurídicos que garanticen el cumplimiento de los contratos y compromisos adquiridos.

Esta es la condición primordial para la creación de riqueza, a través del ahorro y la inversión; un inversionista solo estará preparado a arriesgar su capital en un ambiente donde las reglas no cambien brusca y caprichosamente, y donde el sistema legal le garantice que sus derechos económicos y sus obligaciones sean respetados y sostenidos.

Las democracias maduras han demostrado ser los lugares más seguros para invertir; en el 2012, 17 de los 20 países que más inversión extranjera directa per cápita recibieron son democracias. Por el contrario, modelos Hobbesianos donde la autoridad es ejercida por un individuo y su pequeño grupo a través de la coerción y el miedo, generan incertidumbre en el largo plazo, pues la ley se aplica en función de lo que le conviene al grupo gobernante y así, el desarrollo económico no se podrá alcanzar jamás, ni con Canales, ni con todo el petróleo de Venezuela. Es soñar con el Empíreo de Dante.

“Cuando la ley está sujeta a otra autoridad y no tiene la suya propia, el colapso del Estado no está lejos, pero si la ley es el dueño del gobierno y el gobierno es su esclavo, entonces la situación es muy prometedora” (Platón).

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