• Ago. 15, 2013, media noche

Como personas todos estamos ubicados en un contexto que activa y da sentido a nuestro quehacer como seres comunicativos, sociales. Existir (sistere ex) es salir de sí mismo en cuanto a relación, contacto y acción con múltiples elementos a circunstancias que se introducen de formas distintas en toda nuestra realidad humana, mental, psicoafectiva y psicosocial influyendo así en nuestro actuar vital comunicativo, tanto físico, sensible como espiritual.

El contexto nos envuelve completamente como el agua de una piscina, pero a la vez facilita nadar en tanta acción humana individual, propia. Es difícil conocer toda la riqueza del contexto que se hace presente en nosotros.

Lo resumimos como el contexto económico, social, político, cultural, histórico, etc. pero cada uno de estos grandes subsistemas, carga una gran variedad de elementos y matices, aunque todos se hacen presentes en nuestra vida cotidiana y en ella de manera particular en el proceso educativo de cada persona en la concreción de la interacción enseñanza-aprendizaje. De ahí que hablamos de contextualizar el currículum, la metodología de cada disciplina, las relaciones humanas. Es decir, conocer y aprovechar el espacio-tiempo histórico en el que nos movemos en nuestro proceso educativo, de construcción, desarrollo y autoafirmación como personas históricas, sujetos y objetos de la historia.

Los contextos varían en ocasiones de manera muy radical generando una secuencia que nos permite introducirnos en él para conocer, reflexionar, valorar y sobre todo aprender, dado que el ser humano está determinado precisamente para aprender a lo largo de toda la vida.

Nuestra historia reciente es la suma de contextos muy diferentes, cada uno con sus características, sus secuelas, sus lecciones aprendidas y su sedimentación histórico cultural, conformando lo que podríamos denominar, con Giroux, la política cultural o el Volkgeist, el espíritu del pueblo de Savigny.

Nuestra educación se ha movido en diferentes contextos, aunque con frecuencia sin llegar a recoger de ellos todo aquello que nos afirmaría como nación y sí aquello que nos era ajeno como pueblo.

En esta coyuntura de dependencia e innovación, de alienación y autoafirmación, de repetición y de creación, ha hecho su historia nuestra educación. Desde ella se nos abre la oportunidad de aprovechar nuestro contexto actual de forma que este impacte muy positivamente en nuestro sistema educativo.

 

Visualizo, percibo y siento un contexto global y particular que puede inducir y facilitar un repunte educativo de fondo, tanto en su concepción como organización, gestión e incluso transformación que apuntan directamente a la equidad, calidad y pertinencia de la educación global del país.

 

La presencia de grandes inversiones, plataformas educativas, de cambios de gran impacto para el futuro del país; la autoevaluación con miras a la acreditación de toda la educación superior; las iniciativas en marcha por parte del MINED y del INATEC para mejorar substancialmente la formación y eficiencia de nuestros maestros y maestras; el programa amor como semilla permanente de las personas y de la sociedad: el Plan Nacional de Desarrollo Humano; la estabilidad macroeconómica y la seguridad ciudadana que acompañan al quehacer del país en su proceso histórico; el temple del nica para superar adversidades y decir siempre con creatividad un Sí al futuro, etc., son componentes de un contexto favorable y desafiante para pensar y hacer una educación mejor en todos sus componentes.

 

El contexto no es perfecto, pero es sugerentemente histórico. Para ello necesitamos activar dos aprendizajes claves:

Aprender a escuchar y consiguientemente aprender a dialogar haciendo de ambos aprendizajes una acción permanente en el proceso educativo formal escolar y en el proceso educativo de la convivencia y desarrollo ciudadano.

 

Escuchar al estudiante, escuchar al ciudadano, como inicio del diálogo que se convierta en participación, consenso, compromiso, acción, abrirse al mundo y a los otros, inaugura la relación dialógica en que se confirma como inquietud y curiosidad nuestra inconclusión personal y social en permanente movimiento de la historia.

 

¿Cómo educar, cómo formar sin estar abiertos al entorno geográfico, social, económico, político, cultural de los educandos, sean estos estudiantes o ciudadanos?

 

Toda comunicación es comunicación de algo, hecho en cierta manera a favor o en la defensa sutil o explícita de algún ideal. Nicaragua lo es. Se trata de convertir el contexto actual en factor educativo nacional, hacer de él el diálogo que escucha la realidad de nuestra educación y une al pueblo, a la ciudadanía para hacerla factor clave de su desarrollo y de su futuro.

 

* Ph.D. IDEUCA

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