• Ago. 28, 2013, media noche
Un grupo de seis jóvenes afrodescendientes recolectores de coco, observan en el horizonte una embarcación que se acerca cada vez más a la isla. Suben corriendo a Mount Pleasant y distinguen las insignias de la Corona británica. Corren de prisa hacia los cuatro puntos cardinales anunciando el arribo de la embarcación. La nave recorre el costado oeste de la isla esquivando los arrecifes; la observan con mayor nitidez desde North End y Brig Bay. Siguen su recorrido desde la costa. Al pasar Waula Point, la embarcación gira hacia el oeste con intención de tocar tierra. Ancla frente a Southwest Beach. Dos botes de remo llegan a la costa y sus ocupantes llaman a todos los nativos para darles buenas nuevas.

Son más de noventa y se reúnen bajo la sombra de los cocoteros. Se presentan los extraños y Alexander McDonald, superintendente de la República de Honduras Británica, antes Belice y las Islas de la Bahía de Honduras, representante de la reina Victoria de Inglaterra en la Mosquitia y del Rey Misquito, Robert Charles Frederick, lee el edicto Real que declara el fin de la esclavitud. “Desde hoy son hombres y mujeres libres”, dijo al finalizar la lectura el viernes 27 de Agosto de 1841.

Eufóricos, sin meditar aún sobre el significado de la libertad, se abrazan, se besan, gritan de alegría, ruedan por el suelo, recuerdan con más claridad sus orígenes, sus ancestros. Se va la nave y no saben qué hacer: son libres. Regresan a sus casas contentos a dar la buena nueva. Al caer la tarde se reúnen para celebrar, pero como no tienen nada para ello, deciden ir al suampo a atrapar cangrejos y recolectar bananos para hacer sopa.

Llega la noche y encienden una fogata. Toman la sopa y, al ritmo de tambores, bailan alrededor del fuego. Sacuden todo el cuerpo, caderas, torso, brazos y piernas, liberan el alma, se reencuentran con sus ancestros y juntos se escapan, viajan en el tiempo, suben al cielo, encuentran sosiego y paz, se deshacen de temores y pesares terrenales que los atormenta desde que fueron comercializados como esclavos. Amanecen extasiados, sudados y se bañan en las aguas cristalinas de la isla. Vuelen en sí y descubren incrédulos que son libres. Han celebrado su libertad, la abolición de la esclavitud.

El ritual se repite cada año en Corn Island y los descendientes de los primeros liberados lo celebran a lo grande. Sigue siendo la misma ceremonia, pero con matices diferentes: se elige a la reina de la isla, Miss Corn Island, entre las más bellas de los diferentes barrios, hay desfile de carrozas, competencias deportivas, juego de boliche, bailes tradicionales y “Crab Soup”, la famosa sopa de cangrejos, modernizada con el paso del tiempo, que se ofrece a los participantes y a quienes los visitan.

Esta fiesta, la fiesta de la libertad, comercializada como la fiesta del Cangrejo, es una de las más promovidas en la costa Caribe para incentivar y atraer al turismo nacional e internacional. Sus bellezas naturales, sus playas de arena blanca y aguas cristalinas en diferentes tonalidades, los arrecifes de coral, la amabilidad de los cornaileños, la seguridad, las mejoras en la capacidad de alojamiento y hospedaje, la comida y la música caribeña, el ambiente de paz, los múltiples deportes acuáticos que se practican y los sitios históricos de la época esclavista, hacen definitivamente que Corn Island y Little Corn Island sean unos de los mejores destinos turísticos del país.

Distante a 172 años de la abolición de la esclavitud, los retos de los habitantes de estas paradisíacas islas del Caribe son mayores a los que enfrentaron aquellos que escucharon el edicto Real leído por Alexander McDonald declarándolos libres. Preservar la riqueza de sus mares, conservar sus arrecifes, recuperar sus sitios históricos, luchar contra la narcoactividad, la discriminación y el racismo, dentro y fuera de su territorio, y mejorar constantemente los niveles de educación de las nuevas generaciones, son algunos de ellos. La abolición de la esclavitud adquiere nuevos sentidos, nuevos retos.

http://hillron.blogspot.com
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