• Sept. 2, 2013, media noche

La separación Iglesia-Estado es un argumento controversial. Su concepción legal y política es clara; las instituciones religiosas y el Estado se mantienen apartadas teniendo independencia absoluta para tratar sus temas.

 

La separación entre Iglesia (bautista, católica, o cualquier otra denominación) y Estado, es un fenómeno que florece en Italia en el siglo XIV, como un movimiento intelectual filosófico y cultural conocido como Humanismo, ligado al Renacimiento. Después se consolida en el siglo XVII con la Ilustración, debido a la ideología racionalista, llegando después a ser una política oficial durante la Revolución Francesa de 1789, la independencia de los EE.UU., en 1786 y la Revolución Liberal del XVIII o “Siglo de las Luces” desbaratando la “alianza entre el altar y el trono”.

 

Hoy en día, las confrontaciones Iglesia-Estado continúan siendo una realidad del presente, recordatorio del pasado y advertencia del futuro. Hay problemas por doquier, el derecho al aborto terapéutico es uno de muchos y pensar que la liberalización del aborto y los llamados derechos de los homosexuales desaparecerán de la agenda de un poderoso sector, sería quimérico. La tendencia generalizada no es hacia la prohibición sino todo lo contrario lo que han hecho es retroceder la situación Iglesia-Estado, a los muy lejanos días del presidente Antonio Guzmán Blanco (1870 a 1888) en Venezuela. En aquel entonces el Registro Civil y la secularización eran puntos de contención.

 

Las dificultades se hicieron claras durante las guerras de independencia mexicana, cuando un sector proespañol del alto clero se opuso a intentos independentistas a pesar que algunos caudillos eran sacerdotes. La independencia definitiva, se produjo en 1821 mediante una alianza con conservadores separatistas y la fracción tradicionalista del clero preocupado por la tolerancia de las cortes españolas en época de Fernando VII. Pronto se enfrentó el gran tema: la separación Iglesia y Estado, además el carácter exclusivo del catolicismo como religión. Este evento no se produjo hasta la llegada al poder de los liberales, partidarios del modelo estadounidense de “iglesia libre en estado libre”. La libertad religiosa a los no católicos se produjo progresivamente: primero tolerancia, luego libertad de cultos y después, plena libertad religiosa. El Concilio Vaticano II, durante el papado de Juan XXIII acepto en 1962, la absoluta libertad de cultos y favoreció la separación de Iglesia y Estado y Benedicto XVI, indicó “la distinción en que lo que es del César y lo que es de Dios, pertenece a la estructura fundamental del cristianismo”.

 

¿Cuál es el problema ahora? Podemos añadir la secularización y las constantes conspiraciones dentro de las iglesias. Pero también la participación en la política. ¿Podrán los clérigos ser activos caudillos políticos como Morelos e Hidalgo en el México del siglo XIX? Recordemos que dos arzobispos ocuparon la presidencia de la República Dominicana: Fernando Arturo de Meriño en 1880 y Adolfo Alejandro Nouel en 1912. El ex obispo de la diócesis de San Pedro, Fernando Lugo Méndez, recibió una dispensa papal en el 2008, para ejercer la presidencia de Paraguay. La política del Vaticano es ahora clara: se acabó el tiempo de los cardenales Richelieu y Nazarino sirviendo como regentes en Francia.

 

En ese último asunto hay todo un abanico del pensamiento, pues como señaló Aristóteles “El hombre es un animal político”. En los EE.UU., donde residen 164 millones de cristianos, se identifica el movimiento evangélico conservador con los republicanos y los de teología liberal, como demócratas.

 

La Coalición Cristiana y la desaparecida “Mayoría Moral” hicieron que evangélicos apostólicos se interesaran por la política. Sus más acreditados líderes fueron el fallecido Dr. Jerry Falwell y el telepredicador del Club 700, el Dr. Pat Robertson.

 

La Iglesia Católica Romana entiende claramente que ya no está sola en Iberoamérica y lo demuestra la visita a Brasil del papa Francisco, en su primer periplo por América. El cardenal brasileño, Claudio Hummes, señaló que el Santo Padre “Ya era un Francisco”, después que sucediera en la sede petrina al hoy obispo emérito de Roma, Benedicto XVI, el que también visitó México antes de su inesperada renuncia. Cabe señalar que Brasil cuenta con 127 millones y México con 97 millones de católicos romanos, ocupando los dos primeros lugares en el mundo, mientras que los cristianos crecen en número y son entre el 8 y el 38 p/c, según el país.

 

Las confrontaciones no han sido tan violentas en años recientes como en las décadas de 1920 ó 1930 en México. Los gobiernos revolucionarios (tipo PRI) enfrentados a los “cristeros” de tradicionalismo católico, creyentes religiosos con las armas en la mano, opuestos a la secularización y al limitado espacio que se le concedía a la Iglesia. Todavía hay luchas, aunque a nivel nacional las iglesias conversan y se entienden. Pero hablamos de católicos y protestantes, ¿cuál será la actividad política de evangélicos carismáticos y pentecostales? En Brasil existen bancadas integradas hasta por predicadores y el voto evangélico decide elecciones en algunos de los 26 estados y el DF, y el católico en otros. A veces se combinan ambos, en contra del aborto, o la teología de la liberación.

 

¿Aceptarán los católicos y protestantes iberoamericanos la participación de sus líderes eclesiales en cargos públicos? ¿Será ese el nuevo tema de discusión? ¿Prevalecerá la teología de la liberación o el tradicionalismo de los sectores cristianos? ¿Cuáles serán los temas a discutir? ¿Quién sabe? Dios sabrá.

 

* Consultor en comunicaciones y mercadeo

 

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