• Mayo 12, 2008, 12:18 p.m.

Ni el deporte se escapa a la lista de víctimas de la política de la imposición  que utiliza el gobierno del presidente Daniel Ortega, para doblar el brazo a quienes no le son dóciles.

Ahora, el gobierno sandinista quiere imponer como abanderado de la delegación deportiva que viajará a los Juegos Olímpicos, a realizarse en Beijing, China, a su candidato para la Alcaldía de Managua, Alexis Argüello.

Quiero pensar que la intención política de imponer a Argüello como abanderado de una delegación de deportistas aficionados, es porque los “brillantes” estrategas del sandinismo ven en su aparición en tan magno evento posibles buenos réditos en los comicios municipales de noviembre próximo.

Esta decisión, anunciada por Ortega días atrás, viola la Carta Olímpica, donde se establece que corresponde a las federaciones reconocidas por el Comité Olímpico Nacional, CON, escoger al atleta que será abanderado.

Aunque Argüello es reconocido por moros y cristianos como el mejor deportista que ha tenido Nicaragua, también es cierto que su fama la hizo en el mundo profesional, no aficionado.

Lo anterior significa que Argüello dio fama al deporte nicaragüense, pero siempre lo hizo a cambio de dinero y no como nuestros esforzados deportistas aficionados, que lo luchan por sobresalir compitiendo muchas veces olvidados por los gobiernos de turno.

Alexis Argüello, en sus tiempos de gloria, cuando amasó mucha fortuna de la cual una parte se la confiscó su actual mandatario, Daniel Ortega, nunca hizo ninguna contribución para los deportistas que se desenvolvían en amateurismo.

La intención de Ortega no sólo es violatoria a los reglamentos olímpicos internacionales, sino que viola la autonomía del Comité Olímpico Nicaragüense, que por siempre ha tenido el irrenunciable derecho de escoger al abanderado de la delegación pinolera.

Si al final Ortega logra doblar el brazo a la dirigencia del CON, imponiendo a su “bendecido”, sería bueno que alguien le aconseje al candidato edilicio que no es necesario llevar caballos para desfilar, a como lo hizo con Anastacio Somoza por las calles de Estelí hace más 30 años.

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