• Sept. 20, 2013, media noche

 

 

 

La Organización Mundial de la Salud define como violencia sexual “todo acto sexual, la tentativa de consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y lugar de trabajo”.

Se reconoce el hecho de que esta situación es un grave problema de salud en América Latina, así como un grave problema de violación de los derechos humanos. Según la OMS, se calcula que más de un millón de personas pierden la vida cada año a consecuencia de la violencia sexual intrafamiliar o doméstica, y muchas más sufren lesiones no mortales con consecuencias físicas y psicológicas de por vida. Se estima que hasta seis de cada diez mujeres en el mundo sufren algún tipo de violencia física o sexual en su vida.

Diversos estudios realizados han demostrado las graves implicancias de la violencia sexual tanto para las personas como para la sociedad misma. Como ejemplo tenemos la asociación de violencia sexual y ETS (Enfermedades de Transmisión Sexual), incluido el VIH/Sida, embarazos no deseados, disfunción sexual y problemas ginecooncológicos.

Además, podemos sumarle problemas de daño a la autoestima, estigmatización, baja condición socioeconómica, poca o ninguna participación de la mujer en la política y como fuerza laboral y, lo más duro, el hecho de la reproducción de dichos modelos a generaciones venideras.

La violencia sexual por pareja íntima es muy común en América Latina y varía de un 5 al 47%. La gran diferencia posiblemente se deba al entorno donde se han realizado dichas encuestas; lo que sí está claro es que la violencia sexual intrafamiliar no es infrecuente en nuestras latitudes. En Nicaragua, por ejemplo, hasta un 36% de mujeres encuestadas han declarado que frecuentemente eran forzadas a tener relaciones sexuales mientras eran golpeadas por su pareja.

 

En el caso de violencia sexual infringida por personas diferentes a la pareja, se consideran la violación, abuso sexual de menores y jóvenes, trata y explotación sexual, violencia sexual durante la migración, acoso sexual en lugar de trabajo y violencia sexual en situaciones de emergencia y conflicto y posteriores a este.

Otro aspecto y más aterrador aún es el del abuso sexual a menores (niñas y adolescentes) del sexo femenino, el cual por lo general es perpetrado por un adulto o alguien mayor y que usa su posición de poder para coaccionar al menor y forme parte de la actividad sexual. Se considera abuso sexual “cualquier tipo de toque o acto sexual indeseado antes de los 15 años de edad”. Por desgracia, la mayoría de los predadores sexuales son conocidos de las víctimas; lo más común es que sean sus cuidadores o responsables (padres, abuelos, padrastros, familiares cercanos, vecinos, amigos cercanos, etc.). Estos aprovechan la cercanía y la posición de poder como adulto como dominación del menor y esto puede conllevar a un abuso único o por muchos años.

Las consecuencias de la violencia sexual son múltiples y abarcan desde ETS y sus consecuencias, hasta la muerte a causa directa o indirecta de ella.

Como ven es un tema casi inagotable, un tema que muchos obviamos tocar y del cual preferimos no hablar, hasta que por desgracia nos llega a la puerta de nuestra casa o a la de algún familiar o amigo cercano; pero es una realidad que está ahí, latente y real. Una realidad que nos puede tocar a cualquiera de nosotros y tenemos que estar preparados para enfrentar. Además, está el hecho de que hay que hacer conciencia de ello a través de la educación en casa, colegios, universidades, centros de trabajo, en fin, de cualquier medio que permita ir incidiendo en abolir esta criminal actitud de nuestra sociedad.

 

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