• Mayo 14, 2008, 7:43 a.m.
Si usted pudiera ubicar el Estado de Israel sobre el Mapa de Nicaragua, sólo necesitaría los municipios de Waspán, Puerto Cabezas y Prinzapolka para alojar a ese pueblo bíblico. Y aún le sobrarían a Nicaragua 200 kilómetros cuadrados.
 
¿Busca un prodigio? ¿Todavía no cree en Dios? Bien, ahí está el más grande milagro del mundo actual, soportado por toda una historia, contada por los hombres y por los profetas de El Shaddai: una señal de 22 mil 145 kilómetros cuadrados de prosperidad, de ciencia, de ingenio para enfrentar los rigores del clima desértico y la enemistad vecinal que dispone, en su conjunto, de un territorio islámico de más de 20 millones de kilómetros cuadrados.

Un milagro donde parte de la materia prima, quizás fundamental, es la fe en el Dios de Abraham ---bendito sea— y lo que puede hacer un pueblo cuando está decidido a hacer patria y no discurso, mucho menos a justificar con las glorias del pasado, su situación en el siglo XXI.  

La suma territorial de los tres municipios de la Región Autónoma del Atlántico Norte, con una visión de país, podrían, porque disponen de un mejor clima geográfico que Israel, darnos el aliciente de enrumbar  la nación hacia el milagro. Pero la atmósfera política parece ser tan terrible como el más inhóspito de los desiertos.

Mientras el Estado oficialmente nacido en un solo día, el 14 de mayo de 1948, se guió con el báculo de Ben Gurión hacia la independencia no sólo histórica, sino económica, las autoridades nicaragüenses ensayan en la misma cantidad de kilómetros
su peor visión de país. Conculcarle los derechos a los costeños, es negarle el ejercicio de la democracia. Si no hay democracia, tampoco podrá haber un grado mínimo de sacudirnos la pobreza.

Israel merece nuestra admiración, y también nuestras rogativas. La Biblia nos enseña a los cristianos que debemos orar para que haya paz entre los muros de Jerusalén. Y también que bendigamos a Abraham, el padre de la nación hebrea y, por supuesto, padre de las naciones árabes.
 
Me siento regocijado que Israel tenga un territorio en el mundo, además de nuestros corazones. Israel es una promesa bendecida que pasó de los rollos sagrados a las páginas de la realidad.

Este es aquel país del cual se profetizó desde la antigüedad. Un país que nos ha bendecido con la máxima de las bendiciones: “La salvación vendrá de los judíos”, dijo el propio Jesucristo. Y hablaba de El.  

Israel ha sido perseguida no sólo por los grandes imperios que conmovieron la historia, como los egipcios, babilonios y romanos, y el siglo XX por el Tercer Reich alemán.. También las religiones han acosado a los israelitas.

La Iglesia Católica obligó a los judíos a convertirse a ese credo , so pena de castigarlos. Muchos cambiaron su nacionalidad y adoptaron otra fe para sobrevivir. De ahí, muchos judíos vinieron a América con sus nuevos apellidos que hacían alusión a los nombres geográficos expuestos o sugeridos en la Santa Biblia. Era la única forma de conservar su relación con el Libro Sagrado, la voz de Dios.

Surgieron, pues, los Campos, los Ríos, los Cuenca, los Valle, los Collado, los Montes, los Laguna, los Lagos, los Sierra, los Serrano, los Riveras…y los Cruz, los Ramos, para no dejar lugar a dudas a una celosa y terrible Inquisición.

Fueron esparcidos por el mundo y han retornado, una buena parte, a su territorio. La higuera ha reverdecido. Por eso, diremos que sean benditos. Y deberíamos tomar a ese pueblo como ejemplo de lo que en tan escaso territorio ---- el mismo que ocupan Waspam, Puerto Cabezas y Prinzapolka--- fueron capaces de crear: una minúscula nación entre las economías más solventes del primer mundo.

¿Se imagina lo que serían capaces de impulsar los israelitas en esas tierras de la RAAN? Lo mismo que nosotros podríamos hacer, si acaso contáramos con una mejor visión de país de lo que queremos en este siglo.

Cuando Israel apenas nacía como Estado en 1948, Nicaragua cumplía 127 años de independencia. Si los judíos alcanzaron tantos logros en estos 60 años, ¿por qué nos quedamos rezagados? ¿Por qué las mayorías desempleadas y paupérrimas, en vez de integrarlas al desarrollo, sólo existen para la opulenta minoría en temporadas electorales?
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