• Oct. 14, 2013, media noche

 

Lo desconocido toca nuestras raíces y nos provoca temor. Tom Peters, lo señala crudamente. Todo aquello que nuestros ojos de la conciencia no han visto, provoca inquietud y ansiedad. Alguien dijo que los cartógrafos llamaban a los mares no cartografiados, en tiempos remotos, como “tierra de dragones”. Por eso es fácil llamar loco a quien vé cosas que los tradicionales doctos no son capaces de ver desde el lente de sus manuales, protocolos y procedimientos “oficiales”.

Explorar lo desconocido consiste en romper ciertas reglas del juego, ciertas “verdades” pre-establecidas. Los mejores exploradores son aquellos que son capaces de ver la silueta de un perro en una nube, y que, aún más, es capaz de dar varias formas más a la misma figura, desde el universo de la imaginación.

La irreverencia y la no actitud de oveja, provoca ciertos descubrimientos. Hasta hace poco descubrí ochenta usos de un bloque, desde pieza esencial de construcción hasta su uso como una mascota.

Todo es posible, y nuevos caminos son posibles. Recientemente, alguien, uno de esos que son exploradores de nuevos senderos, me provocó un cortocircuito mental al cuestionar las sagradas buenas prácticas organizacionales, que sirven para replicar el modelo. Y tenía toda la razón: Las buenas prácticas “de una organización” funcionaron en un tiempo y un espacio, con personas específicas y circunstancias sui géneris.

Lo cierto es que tendemos a emplear la tradicional “estandarización” de procedimientos, cuyo descendiente es la rutina, y con ella, la muerte del crecimiento y desarrollo. También el orden y la eficiencia son amigas de la flexibilidad y la innovación.

El sistema democrático, incluso aquel que tanto se cita: “Estado de Derecho” está exigiendo cambios, porque el presente, con luces tenues en un sitio oscuro, está induciendo a que las nuevas generaciones sean capaces de romper esquemas e inventar nuevos futuros, lo contrario sería replicar el modelo. Hegel, desde su anti-razón, pronosticó que América Latina sería el lugar del porvenir, ¡ya alguien lo dijo!, pero ese lugar del futuro no es posible replicando lo conocido.

¿Donde estamos? Donde es posible tener mucho conocimiento universal desde un celular, además de los mensajitos llenos de amor. Los cambios de paradigmas son más frecuentes.

Las palabras en boga son “incertidumbre” (uno no sabe todo, pero sabe algo y sabe que lo que uno sabe se relaciona con lo que uno no sabe) y “ambigüedad” (uno no sabe casi nada, ni siquiera para saber si está concibiendo las preguntas correctas), plantea Peters, algo que parecía ingredientes propios de la política pura, se han convertido en los rasgos que están presentes en toda organización que se propone cumplir un objetivo. Anarquía rentable de la innovación, pareciera el título de una profesión del futuro. El título sería: Licenciado en Anarquía Rentable de la Innovación, para hacer frente a la “Astucia, rapidez, sorpresa y a lo inesperado”, propios de nuestro tiempo.

La permanencia es el tesoro de los que tienen marchita la imaginación dice el citado autor. ¿Has pensado en reinventarte?

www.carloscerdaescritor.com

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