• Oct. 18, 2013, media noche

 

El ejercicio físico posiblemente no esté dentro de tus prioridades cuando estás atravesando un tratamiento debido al cáncer de mama, pero probablemente debería serlo. No hablamos de pasar en un gimnasio todos los días o prepararte para un maratón; sino de un estilo de vida activo. El ejercicio físico es una parte importante para encontrarte en la versión más sana de ti de manera holística.

Existe un sinnúmero de investigaciones demostrando que el ejercicio físico puede reducir el riesgo del cáncer de mama y también puede evitar la recurrencia del mismo si ya fuiste diagnosticada.

El ejercicio, según algunas instituciones, es seguro durante y después del tratamiento del cáncer de mama, siempre y cuando se tomen las precauciones necesarias y proveen una mejor condición física, una mejor calidad de vida y también ayuda con el manejo de las emociones y el estrés para sobrellevar esta condición.

Si ya padeces del cáncer de mama, te presentamos algunos beneficios que el ejercicio puede brindarte:

Podrás mantener un peso saludable. El ejercicio puede ayudarte a desarrollar masa muscular y quemar grasa. Las mujeres con sobrepeso o con obesidad, tienen un mayor riesgo de ser diagnosticadas con cáncer de mama, especialmente después de la menopausia.

Podrás tener menos efectos secundarios severos a causa del tratamiento. Dentro de estos se encuentra la reducción de las náuseas durante la quimioterapia y la mejoría de la circulación hacia las piernas.

Tendrás mejor movilidad. El tejido que se forma después de la operación por cáncer de mama, la reconstrucción o la radiación pueden ocasionar que tu brazo y músculos del hombro se sientan tensos. No utilizar ambos después del tratamiento puede ocasionar que estos músculos pierdan flexibilidad.

Mantendrás tus huesos saludables. En la medida que envejecemos perdemos masa ósea. Si has sido diagnosticada con cáncer, mantener huesos saludables es aún más importante para ti dado que existen algunos tratamientos que pueden ocasionar la pérdida de huesos. Además que la mujer tiene más oportunidad de desarrollar osteoporosis.

Siéntete mejor. Esta enfermedad puede causar todo tipo de sentimientos desde el temor, la ansiedad y hasta la depresión. El ejercicio físico puede ayudarte a elevar tu autoestima y alejar la depresión. La actividad física estimula la producción de endorfinas, mismas que te harán sentirte más relajada y contenta. Y por supuesto, si mantienes una rutina constante habrá una imagen viéndote en el espejo de una persona fuerte, en forma y llena de vida.

Es importante que antes que inicies cualquier tipo de ejercicio físico tengas el visto bueno de tu médico y de ser necesario la del cirujano dependiendo de tu situación.

Hablar de ejercicio no significa que debes inscribirte en un gimnasio únicamente. Según tus pasatiempos podrías hacer deportes al aire libre o algo tan sencillo como salir a caminar. Hay tres tipos de ejercicios que deberías considerar, ya que cada uno tiene su beneficio: ejercicios aeróbicos, de flexibilidad y de resistencia.

Con el ejercicio aeróbico uno debe iniciar lentamente. Algún tipo de ejercicio aeróbico tres días a la semana a un nivel bajo de intensidad puede ser lo necesario y poco a poco desarrollar la capacidad de realizar el ejercicio por más tiempo. El ejercicio aeróbico hace que tu corazón, pulmones, articulaciones y músculos trabajen más eficientemente, aumentando tu resistencia. También te ayuda a dormir mejor y reduce el estrés. Algunos ejemplos de ejercicio físico pueden ser: caminar, trotar, nadar, bailar, andar en bicicleta, hacer deportes.

Los ejercicios de flexibilidad mantienen la elasticidad de tus músculos. Estos ayudan a que puedan realizar cualquier movimiento de forma más cómoda. Reducen la rigidez y cambios posturales que pueden ocurrir después de la operación, reconstrucción o radiación. Ejemplos de ejercicios aeróbicos son: los estiramientos básicos, yoga o Pilates.

Los ejercicios de resistencia ayudan a corregir imbalances musculares o debilidades ocasionadas después de la operación. También fortalecen los huesos, mejora el balance y mejora la calidad de vida para poder realizar actividades de diario desde cargar las compras del supermercado hasta jugar con sus hijos. Los ejemplos van desde el levantamiento de pesas con mancuernas, pesas rusas o máquinas hasta ejercicios utilizando solamente el peso corporal.

Para concluir, una recomendación que se brinda al público en general, siempre utilice el sentido común, eres la única persona que sabe cómo te sientes al realizar un ejercicio. Si algo no se siente bien, detente y busca otra alternativa. Si te encuentras en uno de esos días donde te sientes debilitado, lo mejor es reposar. La idea es que el ejercicio sirva como un aliado para ayudarte a sobrellevar la enfermedad no ser una carga más.

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