• Oct. 23, 2013, media noche

 

 

¡Ya no sabemos ni qué creer! Y por supuesto ¡ni qué comer! Por un lado encontramos información acerca de que no debemos comer grasas, mientras por otro lado encontramos que nuestro cuerpo requiere un poco de ellas para funcionar adecuadamente. Ambas afirmaciones son ciertas, solo que necesitamos practicarlas con mucho cuidado.
Nuestro cuerpo requiere consumir 50% de las calorías en carbohidratos para obtener energía, 20% de las calorías en proteínas para reparar tejidos, sintetizar anticuerpos, paredes celulares, entre otros, y 30% de las calorías en grasas como fuente energética y materia prima para hormonas y otras sustancias. Así que debemos comer de todo un poco.
Por esto, las grasas deben estar presentes en nuestra alimentación, solo que debemos escoger las de mejor calidad.
La densidad calórica de las grasas es alta, quiere decir que por cada gramo que se consume de ellas, nuestro cuerpo produce 9 calorías, mientras que por cada gramo que consume de proteínas y carbohidratos se generan 4 calorías. Entonces, todo lo grasoso, frito, con salsas blancas o muchos pellejos aporta gran cantidad de calorías y muchas de estas no son saludables.
Muchos dicen: “El aceite de oliva es saludable”, lo que es ¡CIERTO! Pero también tiene 125 calorías por cada cucharada, así que no es conveniente consumirlo con tanta libertad.
¿Cómo consumimos entonces las grasas?
Las grasas están en: el huevo, los lácteos como la leche, el queso, la crema, la mantequilla, además en las mantecas, los aceites, el aguacate, las semillas, entre otros. También encontramos grasas en las carnes, pollo y pescados (los pellejos y el tejido adiposo o grasoso que viene adherido a ellas o entre sus fibras).
El colesterol se encuentra solamente en los productos de origen animal, es decir en los lácteos y sus derivados, en las carnes y en los huevos. Los productos de origen vegetal no tienen colesterol, por esto ningún aceite vegetal de los que se usan para cocinar poseen este elemento.
Por otro lado, las grasas en general se clasifican en grasas “malas“ o saturadas, que son aquellas que tienen efectos nocivos en nuestro sistema cardiovascular, pues obstruyen arterias; estas están en los lácteos y sus derivados, en las carnes, huevos y grasas vegetales como los aceites de algodón, palma y cártamo. Por esta razón deben evitarse. Las grasas “buenas” o monoinsaturadas o polinsaturadas están presentes en el aguacate, semillas, salmón, aceite de oliva, aceite de canola, maíz y girasol. Estas son protectoras para el sistema cardiovascular pues no ocluyen arterias, por tanto son las que debemos escoger, por nuestra salud.
Nuestro cuerpo requiere un adecuado balance de todos los nutrientes que ingerimos. ¡Escoge las grasas más sanas, y controla su cantidad!

 

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