• Nov. 12, 2013, media noche


Dudo que haya alguien que crea en un candidato a presidente o en esos enamorados que acabas de conocer y te sueltan el primer “te amo” en las tres primeras horas de haberse encontrado. Pero yo, particularmente, no creo en absolutamente ninguna (de las casi inexistentes) propuestas de líderes políticos, ni en esas fórmulas que de unidad y democracia lo único que tienen son los nombres. En esa gente no creo nada porque sospecho en ellas una voracidad por el poder, igual o peor a esas tóxicas y absurdas que ya conocemos.

Me alucina en sobremanera la facilidad con la que con esa voz del diente para fuera convencen y se echan en el saco a auténticos líderes comunitarios.  Casi que vomito el otro día, mientras un par de diputados “prometían derechos” a la comunidad LGBTI y 50 representantes aplaudían creídos y alegres. En esa gente que promete tampoco creo, no sé, me dan desconfianza enorme. A Nicaragua que vengan con respuestas, con acciones, porque de promesas y mentiras como que ya estamos hartos, ¿no creen?

¿En qué otra gente no creo? No creo en la feminista que hace alianza con machistas. No creo en gente que llega al poder con mentiras (como todos claro está) y, una vez en el poder, reforman la Constitución para legalizar las reglas de su juego. No creo en esa gente que manipula y juega con nuestros sentimientos, con nuestros sueños, con nuestras ganas de conseguir un futuro mejor que el presente y nos despojan de toda conciencia cívica. Esa misma gente que pone a los partidos políticos por encima de nuestra historia y de nuestros derechos. Esa es, sin duda, la gente en la que no creo y no creeré nunca. Porque hay algo que me queda claro: ninguna fórmula partidaria pelea por el bien común.

www.ruizwaldir.blogspot.com

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