• Nov. 14, 2013, media noche

La publicidad engañosa es un acto desleal que afecta los intereses de los competidores y de los consumidores, pues, si bien es cierto que este acto puede causar un perjuicio económico directo a los empresarios competidores, también se logra a través de una decisión viciada del consumidor, es decir, por medio de una maniobra engañosa que provoca que el consumidor haga su elección de forma equivocada.

La Ley 842 dispone que es publicidad engañosa aquella que de cualquier manera, directa o indirectamente, incluyendo su presentación, induzca o pueda inducir al error o a una falsa conclusión a sus destinatarios. Con relación a la definición, es preciso apuntar que la expresión “de cualquier manera” da a entender que no importa el medio que se utilice para difundir la publicidad, ya sea oral o escrito, mediante imágenes o sonidos. Asimismo, puede ser que el contenido del mensaje publicitario no sea falso, sin embargo, el modo en que se presenta puede ser engañoso. Manuel Pino Abad en “Curso Sobre Protección Jurídica de los Consumidores”, para ejemplificar cuán engañosa puede ser la presentación de un producto, destaca la situación de la utilización del idioma inglés para anunciar unos cigarrillos fabricados en España, incitando al destinatario a pensar que son de origen anglosajón.

Siempre analizando la definición, es trascendental mencionar que la ley califica como engañosa a la publicidad que induzca o pueda inducir a una falsa conclusión, es decir, no requiere de la materialización del daño o del error, es suficiente que sea susceptible de engañar.

Ahora bien, para reputar de engañosa la publicidad, es necesario tomar en cuenta la información que se transmite y la que se omite, de tal manera que bien se puede difundir publicidad engañosa bajo la modalidad de omisión cuando se ocultan datos fundamentales necesarios para que el destinatario tome una decisión correcta. No se trata de cualquier información, la ley hace referencia directa a datos relevantes, en este particular, el Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual de Perú, Indecopi, explica que para catalogar una publicidad engañosa por omisión es necesario que la información omitida no resulte previsible para el consumidor y, además, que desnaturalice las condiciones en que se realiza la oferta en el anuncio. Para ejemplificar la situación, el instituto cita el caso de un establecimiento comercial que anunció que por la compra de un televisor se obtenían gratis la instalación y dos meses de servicio de televisión por cable, sin destacar ninguna restricción; no obstante, para hacer efectiva la oferta publicitaria, el consumidor tenía que contratar dos años con la empresa que prestaba el servicio de cable. En este caso, la información que se omitió no era previsible para el consumidor y desnaturalizó las condiciones ofrecidas por medio de la publicidad.

La Ley 842 clasifica como infracción grave la conducta de publicidad engañosa, pues afecta un conjunto de intereses. En muchos de los casos, un consumidor que realiza un análisis de la oferta puede evitar ser engañado. Un estudio de mercado, junto con una valoración y comprobación de la oferta publicitaria, es indispensable, más aún en aquellos casos en que el anunciante ofrece muchos beneficios a cambio de muy poco. El consumidor tiene que jugar un rol protagónico y determinante, no ser, simplemente, un objeto.

No hay que olvidar la frase del alemán Joachim Spangenberg, que refleja la conducta compulsiva del consumidor: “En los países ricos el consumo consiste en personas que gastan dinero que no tienen para comprar bienes que no quieren, para impresionar a personas que no aman”.

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