• Nov. 27, 2013, media noche

 

Existen dos tipos de personas en el gimnasio; aquellas que entrenan para obtener resultados y quienes entrenan porque lo disfrutan. Las que buscan solo el resultado son aquellas personas que se enfocan en un número, las segundas entienden el proceso y las metas.

Lamentablemente a las primeras se les olvida que después de cierto tiempo entrenando o con una dieta se llega a un periodo de estancamiento y poder progresar se vuelve más difícil. Esto implica que tiene que haber más dedicación y un mayor esfuerzo que no todos están dispuestos a dar si no se enamoran del proceso.

Para obtener resultados sostenibles a largo plazo, se tiene que entender que el progreso nunca es lineal. Uno puede perder peso en un abrir y cerrar de ojos, luego mantenerse en el mismo por semanas. O aquellas personas que aumentan su fuerza en un periodo corto y luego les toma tiempo poder aumentar cinco libras en un ejercicio. Así es como funciona tu cuerpo. Cuando esto ocurre muchas personas entran en pánico, y quieren que los resultados duren para siempre, pero la verdad es que uno no puede mantener cierto ritmo todo el tiempo. Lo único que podemos controlar es el esfuerzo que llevamos a cada uno de nuestros entrenamientos.

Debido a este aspecto de progresión no lineal es que encontramos a personas que andan en busca de resultados instantáneos y terminan buscando las soluciones más rápidas que ofrece el mercado, ya sea las pastillas mágicas, las dietas milagrosas, entre otros. También están aquellas personas que cambian de rutina continuamente pensando que sus programas de entrenamiento no funcionan. O bien están aquellos que tiran la toalla y dejan de ejercitarse porque no sienten que valga la pena seguirse esforzando.

Y es que todo regresa al aspecto mental que juega un gran rol en el tema del fitness. Muchas personas se trazan una meta y en sus cabezas se están diciendo: “Una vez que pierda esas diez libras seré feliz”.

El problema con esto es que te estás programando a unir “felicidad” y “éxito” hasta que se logra cierta meta.

Se te olvida que hace dos semanas no podías ni trotar y ahora puedes correr cinco minutos sin parar; que antes no podías vivir sin tomar una gaseosa cada media hora y hoy día has progresado y has reducido ese consumo a tres al día y poco a poco la dejarás por completo. ¿Y ese pantalón que no te ponías desde que quedaste embarazada y que hoy te luce mejor que antes? ¿Adónde queda ese esfuerzo? Eso se llama entender y enamorarse del proceso. Puede que alcances las diez libras que tanto deseas o bien puede que no, pero si aprendes a valorar todo el esfuerzo que estas poniendo para lograrlo y celebras aquellas pequeñas victorias, el proceso se convierte en algo holístico y disfrutable.

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