• Dic. 16, 2013, media noche

Los estudiantes que son buenos en la escuela secundaria, por lo general,  son buenos también en la universidad. Sin embargo, esta relación no es perfecta. Tener preparación académica no es lo único que es importante. Las investigaciones han demostrado que algunos niños que permanecen en la universidad no necesariamente son los que se destacaron durante la escuela secundaria.

 

Los que persisten más son aquellos que son resistentes, sociables y emocionalmente seguros; aquellos  que se pueden levantar y seguir adelante después de recibir malas noticias o malas notas, sobreponerse a momentos difíciles, pedir ayuda cuando es necesario y resistir las presiones negativas de sus compañeros. Estos rasgos por sí solos no aseguran el éxito de los niños en la escuela, pero cuando se combinan con preparación académica sólida, son indispensables.

 

Especialmente para los niños que no cuentan con las redes de seguridad que vienen con los privilegios de clase y de la riqueza.

 

Lo que hace que estos niños se superen es la determinación.

 

En su forma más básica, la determinación es un rasgo del carácter que da a los niños el impulso que necesitan para trabajar, hacer un esfuerzo adicional y aguantar hasta el final cuando todas las apuestas están en su contra. A esta se incorporan las habilidades socio-emocionales como la motivación, la perseverancia, la responsabilidad, el conocimiento de sí mismo, las cuales pueden ser enseñadas, aprendidas, practicadas, afinadas y aplicadas.

 

La determinación permite a las personas perseguir objetivos particularmente difíciles durante años y hasta décadas. Es diferente del autocontrol, el cual opera a una escala de tiempo menor porque permite luchar en contra de las tentaciones y los deseos que traen placer y, luego, remordimiento  (ver mas). Medida en una escala directa de 12 puntos y fácil de calificar (ver mas), la determinación predice de manera confiable quién prevalece cuando las cosas se ponen difíciles. Difícil puede ser desde sobrevivir una inducción como cadete en la academia militar, clasificar a la final de una olimpíada de matemáticas, llegar a la última ronda de un concurso de ortografía o  ser el primero de la familia en graduarse de la universidad.

 

La determinación es universal. No obedece a ninguna credencial, ideología ni barrera moral o ética. Sin embargo, en la práctica, los intentos de enseñar determinación a menudo chocan con estas restricciones.  Las tendencias políticas y / o religiosas, los valores, las virtudes y cualquier otra dualidad que defina categóricamente nuestra esencia como bueno o malo, fuerte o débil, merece o no-merece, entre otras, secuestran a la determinación.

 

Al ayudar a los niños a adquirir la determinación que necesitan para tener éxito, es importante ser orientados hacia el futuro, pero aterrizados en la realidad. Hay que mostrarles que alcanzar metas nunca es un camino recto y estrecho. Los obstáculos vienen en todas formas y tamaños. Por eso, los niños y niñas deben ser capaces de verlos y de crear estrategias para superarlos.

 

Crear un conjunto de reglas en el formato de “si hago esto, entonces esto ocurrirá” les permitirá enfrentar los problemas cuando estos los acechen. Por ejemplo, si hago la tarea, entonces puedo ver la televisión. Al hacer esto, utilizamos la corteza prefrontal del cerebro – justo esa área que contrarresta las partes más reflexivas y promotoras del apetito. Visto desde esta perspectiva, el bagaje ideológico desaparece y las virtudes no son más que hábitos que al momento de actuar de manera “buena” es la opción por defecto a tomar.

 

 

Esta columna fue publicada originalmente en el Blog La Educación de calidad si es posible del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

 

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