• Dic. 22, 2013, media noche

El NYPD sabe exactamente cuántos crímenes ocurren ahí (Flickr)Con motivo del Día Internacional contra la Corrupción, nuestros colegas de la Oficina de Integridad Institucional (OII) del BID publicaron un blog post sobre el barrido y procesamiento de datos para evitar la corrupción en nuestros proyectos, que generan una gran cantidad de información.

 

Por cierto, ese trabajo de “minería de datos” resulta importante para destapar o prevenir hechos de corrupción en nuestras operaciones, pero también para que los países fortalezcan sus propios mecanismos para identificar instancias de sobornos y otras prácticas fraudulentas, y también prevenirlas.

 

Los colegas de OII hacen otro punto importante: los datos deberían estar abiertos a los públicos, para así fortalecer aún más los mecanismos de control.

 

Lo mismo es válido para los programas de seguridad ciudadana, y es por ello que una de las prioridades del BID es que los países mejoren la información sobre la delincuencia. Tal como lo hemos señalado en este mismo blog, las investigaciones revelan que entre un 4 y un 5 por ciento de los hechos violentos ocurren en un 50 por ciento de los segmentos callejeros. Identificando esas zonas calientes del crimen permite enfocar las acciones policiales de manera más eficiente. Así fue como funcionó Compstat, el programa que ayudó bajar los niveles de delincuencia en Nueva York a mínimos históricos.

 

Hemos publicado una nota sobre cómo Escocia, que para niveles europeos tenía muy altos índices de homicidio, utilizó datos concretos para armar una campaña que logró reducir las muertes producidas por los enfrentamientos entre pandillas. Bogotá también ha tenido éxitos utilizando información estadística para combatir la delincuencia, con su Plan Cuadrantes.

 

Otro caso interesante es el Sistema Táctico de Análisis Delictual (STAD), que ha sido recientemente implementado por Carabineros de Chile. El sistema hace un relevo continuo de los indicadores de delincuencia, barrio por barrio. La innovación chilena es que los datos son públicos. Por ejemplo, pude constatar que en Ñuñoa, el barrio de Santiago donde vive mi hermana, entre enero y principios de noviembre del 2013 no se registró ningún homicidio. Pero Ñuñoa tuvo un fuerte incremento en el número de robos con violencia (arriba 44 por ciento) y robos de objetos desde autos (41 por ciento). STAD también incluye el nombre y el número de teléfono celular del cabo de carabineros que está a cargo del cuadrante (segmento del barrio) donde vive mi hermana.

 

Cada vez se suman más ejemplos del estilo. Guatemala ha instalado un observatorio que rankea los municipios por cantidad de homicidios, y lo hace en tiempo real. Estamos trabajando en el Caribe para mejorar sus sistemas de datos sobre delincuencia. Y estamos impulsando el Sistema Regional de Indicadores Estandarizados de Convivencia y Seguridad Ciudadana (SES), que armoniza y luego visualiza datos sobre crimen y violencia en 19 ciudades y países de la región. Un hecho notable es que los países participantes de SES no sólo acordaron metodologías y definiciones comunes sino colectar datos estandarizados según esos criterios y publicarlos y actualizarlos en un sitio común.

 

En seguridad ciudadana, la “minería de datos” es más que un término de moda (aquí un artículo sobre algunos usos de la tecnología para combatir el crimen y la violencia) o un afán para satisfacer nuestras curiosidades morbosas; es un cimiento firme para construir programas efectivos, que luego pueden ser adecuadamente monitoreados y evaluados.

 

Este texto fue publicado originalmente en el blog Sin Miedos, de seguridad ciudadana del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). @BID_Seguridad

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