• Mayo 26, 2008, 10:16 a.m.
Un grupo de mis estudiantes de Filología y Comunicación de la UNAN-Managua, solicitó que les escribiera de manera clara y sencilla, las principales corrientes teóricas de la cultura y la comunicación.

Me gustaría que algunos comentaristas de este blog, además de los insultos, calumnias y ofensas con las que, por cierto, me divierten mucho, y a los cuales a veces trato de adelantármeles, siendo todavía más duro conmigo mismo, ayudaran a enriquecer las escuelas que aquí presento y contar así no sólo con mi agradecimiento, sino con el más valioso aún de mis alumnos.

Los estudios de comunicación y cultura nacieron separados. Los norteamericanos (Paul Lazarsfeld, Harold Laswell y Robert Merton), alrededor del esquema lineal de la comunicación de Shannon (el emisor transmite por varios medios su mensaje, llegando limpio a un receptor universal) hicieron las primeras investigaciones empíricas de consumo de medios, preocupados de cómo era consumido el mensaje del emisor por los receptores, en encuestas de opinión, surveys y raiting que cruzaron por primera vez la sociología (estructural funcionalista) con la comunicación (girando alrededor de la prensa barata, la radio y la televisión masiva en EEUU). Es hasta con el postmodernismo que se empezaron a acercar y los terminó de confundir el auge de los estudios culturales.

Girando alrededor del esquema básico de la comunicación, podemos hablar de cinco escuelas de la comunicación y la cultura. Se distinguen unas de otras, por el acento que le colocan a uno de los términos de la ecuación compleja de la comunicación.

ESCUELA DE FRANKFURT: escuela filosófica y sociológica alemana de orientación más o menos marxista, conocida también como Teoría Crítica. En lo que respecta a los medios de comunicación, centró su atención en los procesos de alienación en general que generaba el sistema moderno y el capitalista en particular. Sus procesos de liberación consistían, entre otras cosas, en hacer dominantes los propósitos educativos de los medios de comunicación de masas para llevar la alta cultura a toda la población. En su versión más vulgar, aconsejaban socializar los medios de comunicación (en su mayoría en manos privadas) para llevar conciencia revolucionaria y mensajes liberadores a las masas.

Umberto Eco (un teórico inubicable ahora, después de moderarse en su entusiasmo por la teoría de la recepción) llamó a esta corriente “apocalíptica”. Internamente, Walter Benjamín disintió de la mayoría de ellos (Teodoro Adorno y Max Horkheimer) al advertir que los medios de comunicación producirían sus propias creaciones (subliteratura de masas, música popular, arte pop, telenovelas, deportes, películas) en los rubros de información y diversión, que terminarían superando a la misión educativa impuesta por los sectores ilustrados. A su manera han heredado estas tradiciones Manuel Castells con su nuevo concepto de “sociedades redes” e Ignacio Ramonet con el “pensamiento único”.

ESCUELA DE CHICAGO: conocida así por ser la ciudad norteamericana, donde se empezaron los primeros estudios sociológicos de consumo de medios, por parte de sociólogos funcionalistas (los ya mencionados Merton, Lazarsfeld y Laswell). De alguna manera esta escuela se preocupó por los receptores, pero en el aspecto económico, y después tecnológico, y no en el cultural, como más tarde lo harán los estudios culturales. Tienen el mérito de haber señalado los aspectos receptores como claves del circuito social y mediático. Umberto Eco le llamó a esta escuela los “integrados”. La fascinación por los medios audiovisuales (en particular la televisión, cuya cuna es EEUU) dominó sus reflexiones y estudios empíricos.

ESCUELA DE BIRMINGHAM: también de procedencia marxista, pero no desde arriba, como la de Frankfurt, sino desde abajo, más centrada en la cultura de las clases subalternas (obreros, mujeres, inmigrantes). Sus ejes siempre fueron procesos de resistencia, dentro de la lógica gramsciana, a la cultura dominante. Sus teóricos desde Raymond Williams hasta Stuart Hall, se preocuparon siempre por aspectos culturales dentro de sentidos emancipadores, desde abajo, propios del paradigma marxista. Por eso son conocidos como Cultural Studies. Su impacto se hizo muy fuerte en las ex-colonias británicas sobre todo en la India (Subaltern Studies), desde donde influyó sobre latinoamericano/as estudiando o impartiendo clases en los EEUU (Grupos de Estudios Subalternos Latinoamericanos).

ESCUELAS SUBALTERNISTAS: son conocidos por ubicarse en las ex-colonias europeas. En la India la fundaron Ranajit Guha, Partha Chatarjee, Dipesh Chakravarty, siguiéndola en su lógica emancipatoria, después, Aijaz Ahmad y otros. Efectuaron estudios culturales, pero desde el punto de vista de los subalternos colonizados y contribuyeron con estudios sobre los campesinos y la formación de los Estados nacionales. Sus pilares son: Marx, Gramsci y Althusser. Luego sufrirían un empujón radical por parte de otros autores también de las ex-colonias (Edward Said, Homi Bahbha y Gayatri Spivak), pero que debilitarán sus aspectos emancipatorios y le darán lugar a un escepticismo sano (postcoloniales) en los metarrelatos y a las lógicas de poder de los colonizadores sobre los colonizados. Incluirán a Jacques Derrida, Michel Focault y Gilles Deleuze junto a los clásicos Gramsci y Althusser.

Para América Latina, en particular residentes latinos en universidades de EEUU, estos autores los influenciaron hasta el grado de constituir el Grupo Subalterno de Estudios Latinoamericanos, basados en los cuatro jinetes apocalípticos, como ellos les llamaron a sus autores favoritos: Gramsci, Foucault, Althusser y Guha. De aquí nacerán los postoccidentales que se transformarán en lo que hoy se conocen como Grupo Modernidad/Decolonialidad. Sus estudios cruzarán lógicas culturales, de poder y geoepistémicas. Asumirán una franca y abierta denuncia contra el eurocentrismo y la defensa de epistemologías “otras”.

ESCUELA LATINOAMERICANA DEL RECEPTOR: presididas por Jesús Martín Barbero, Néstor García Canclini y Renato Ortiz, presentan sus estudios independientes y al margen de los Estudios Culturales y del postmodernismo. Se sienten fuera de la tradición que fundaron en América Latina sobre estudios de comunicación Armand Matellart y Michelle Matterlart (ahora defensores de la comunicación-mundo) y Ariel Dorfman (Para Leer el Pato Donald) influenciados por los “apocalípticos”. Se interesan por los receptores a quienes conjugan en procesos híbridos (García Canclini) con los consumidores globalizados o con racionalidades propias de cartografías urbanas de actores sociales subalternos; jóvenes, mujeres, marginales, narcos, músicos, televidentes, etc. (Barbero) o el impacto de la globalización en las identidades nacionales (Ortiz).

Coinciden, a sabiendas o no, con los teóricos de la cultura de masas que ven en los dibujos animados, la música popular, la pintura pop, las películas de cobertura mundial y los íconos populares en general, objetos de estudios, dignos de ser pensados, como han apuntado Umberto Eco, Fernando Savater y Peter Sloterdijk. Conjugan medios de comunicación y culturas subalternas, obviando lógicas de poder y colonialidades del ser y el saber, de tal modo que los decoloniales los prefieren como precursores de ellos o como estudiosos marginales, todavía tributarios del eurocentrismo.
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