• Ene. 30, 2014, media noche

Creo que desde hace más de una década la gente joven y adolescente de occidente se ha visto enloquecida por las series, revistas y comics orientales. Mucho manga, mucho anime y muchos dibujos kawai “llenos de inocencia”, magia y diversión.  Y claro, si algo poseen estas series es que son muy entretenidas, con sus buenas dosis de suspenso y mucha acción al hilo de un argumento interesante, aunque la similitud entre una y otra pueda saltar a la vista sin caer en lo aburrido.

Aunque la división de género no escapó nunca en la producción de estas series teniendo como referentes principales al  shōjo (para niñas/adolescentes) y el  shōnen  (para niños/adolescentes), por mencionar, porque la clasificación se extiende hasta adultos. Y sí, pues los objetivos patriarcales siempre estuvieron marcados: educar niñas dulces, mágicas y encantadoras; y, a su vez, niños fuertes, desinhibidos, competitivos e inteligentes.

Sin embargo, desde que vi un par de estas series tuve conciencia que más allá de esa clasificación mercadológica y pretendidos objetivos estereotipantes, sus creadoras (como en el caso de Sakura) se disponían a dibujar una sociedad más real tratando, con mucha confusión, temáticas de la sexualidad.
En este sentido, quiero ejemplificar casos concretos en la serie shōjo Sakura card captor. Una serie, desde mi punto de vista, súper transgresora que, cuando yo apenas tenía 12 años y mis sentimientos eran una revolución me ayudó a “entender” o por lo menos, en aquel tiempo, identificarme con el personaje de Shaoran Li quien experimentaba una mágica e inocente atracción por Yukito que, luego sería justificada en el argumento por la magia de este último. Ya se imaginarán a un niño como yo con tremendo argumento alucinante.

Y es que el caso no acaba ahí, siguiendo de cerca la serie se darán cuenta que Tomoyo, su mejor amiga, está enamorada de ella, pero claro, la amistad es lo que envuelve la inocencia de ese amor adolescente.  El papá de Sakura es el “hombre  feminista perfecto”, respetuoso, amoroso y un gran cocinero, aparte de que nunca se volvió a casar. Definitivamente: un codiciado viudo.

La serie también nos expone muy solapadamente el tabú del incesto homosexual, si no fíjense en el desbordante odio que la mamá de Tomoyo siente por el papá de Sakura, ya que este “le robó a su prima” (la mamá de Sakura).  

En otro sentido, vean cómo sobrevuela peligrosamente la sexualidad al mostrar la posibilidad de una relación entre una niña de 10 años y un joven de casi 20 (Sakura y Yukito). Sí, yo sé que dicha atracción nunca se consuma y se maneja al favor de la inocencia de lo “platónico”, pero está muy bien sugerida. Y el caso es recurrente en muchas series anime.  Y, todo esto, por supuesto, muy a la periferia del argumento realmente importante, inocente y entretenido: recuperar todas las cartas del mago Clow  para evitar “una catástrofe en el mundo”.

Si bien la atmósfera de inocencia y magia envuelve la historia, la serie dibuja a una sociedad real donde son posibles las relaciones de chavala con chavala, de chavalo con chavalo, de adulto con adolescente y todo al borde de la frustración y la magia. Y lo mejor: no es un tema presentado “directamente”. No hay un juicio que diga “esto es bueno, esto es malo” (eso ya lo decidirá uno). Simplemente preparan nuestra mente para la diversa realidad que nos aguarda afuera, allá donde mamá no nos lleva la comida.

Últimos Comentarios
blog comments powered by Disqus