• Feb. 26, 2014, media noche

El otro día una lectora dejó un comentario en uno de mis artículos que me dejó reflexionando por mucho tiempo. He pensado que es una reflexión que debo compartir con ella y con muchas otras personas que, seguramente, les ha inquietado esta misma idea.

Ella comentaba en mi artículo llamado “Jesús debió ser feminista”, (reproducido en este blog), que se estaba iniciando en el feminismo, pero que esos “inicios” no habían sido “fructíferos”, pues las feministas con las que ella había compartido experiencias “defendían a las mujeres de los abusos de poder que los hombres ejercen sobre las mujeres, pero no defienden a las mujeres que son violentadas en relaciones de poder por otras mujeres”.

Prácticamente me planteaba y compartía su crítica a la unidireccionalidad con que algunas personas ven a los movimientos feministas, y estos en sí mismos; que es esa parcialización o reducción de la lucha y la reivindicación de las mujeres a espacios mixtos y a relaciones heterosexuales. Subrayando el axioma hombre es igual a macho-violento-empedernido-abusador, olvidando las otras posibilidades de violencia y relaciones.

Y esta mujer apuntaba a algo muy importante y muchas veces dejado a un lado en el orden de prioridades. Si, ya sé que mucha gente dirá que no hay que perder de vista el contexto, porque la mayoría de mujeres están en relaciones heterosexuales y son violentadas por su pareja. Que los casos de femicidios en Nicaragua en su mayoría son de mano de un agresor y no de una agresora, es cierto, al menos los que se han divulgado en los medios de comunicación masivos.

Sin embargo, considero un descuido o error que desde los espacios de reflexión feminista, de articulación de mujeres o de movimientos sociales (ya ni se diga del sistema educativo), no se aborde el tema de la violencia entre parejas del mismo sexo, entre relaciones laborales no-mixtas.

Donde no hay un jefe violento, si no una jefa violenta, etc. Donde las parejas conformadas por parejas no heterosexuales reproducen los mismos mecanismos de violencia como consecuencia del patriarcado y el machismo. Prevenir la violencia en estos casos también debería ser importante.

Por otra parte, como ya he dicho en diversas ocasiones, no esperemos “recetas de identidad” “defensores” o “manuales de sobrevivencia”. Yo concibo al movimiento feminista (con sus diversidades incluidas) como un movimiento social e ilustrado que, principalmente, empodera. Dicho esto, nadie más que nosotros mismos puede sacarnos del círculo de violencia en el que estemos. Claro está que existen amigas, amigos, colectivos, grupos y demás que podrían proveernos de información y apoyo, pero estos no toman la decisión por nosotros.  

www.ruizwaldir.blogspot.com

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