• Mar. 4, 2014, media noche

Bajo rendimiento académico, absentismo y alto riesgo de abandono escolar. Son las características comunes de un grupo de estudiantes de entre 14 y 16 años que participan en un proyecto piloto contra el abandono escolar. Las escuelas a las que asisten presentan elevados índices de deserción escolar temprana en la ciudad española de Barcelona, donde menos del 75% de sus estudiantes se gradúan. Y es que España se encuentra a la cabeza de la Unión Europea en fracaso escolar,  donde el abandono en las aulas afecta al 28,8% de los jóvenes, según estudios recientes.

 

Muchos de estos alumnos no encuentran la motivación necesaria para continuar con sus estudios. De hecho, la falta de interés de estos estudiantes españoles por seguir en la escuela no es algo excepcional. Recientes estudios en América Latina señalan que esta falta de interés es una de las principales razones por las que los jóvenes dejan las aulas.  Las cifras de abandono escolar en la región no dejan indiferente a nadie: uno de cada dos latinoamericanos no termina la escuela secundaria.

 

 

Cortesía / END

Precisamente para evitar que los jóvenes abandonen las aulas, nació el pasado curso escolar el programa educativo Diversificación Curricular, implantado por el Consorcio de Educación de Barcelona. Sus objetivos son claros: mejorar el rendimiento académico, reducir el absentismo y el abandono escolar. Se trata de una iniciativa que pretende implicar a los jóvenes en diversas profesiones para retenerlos en las aulas. Con este plan piloto, se les da la oportunidad de hacer prácticas laborales en empresas y, además,  las materias académicas regulares se imparten de forma más participativa. “La idea es que aprendan cosas diferentes, que trabajen de forma distinta para terminar sacando el graduado de la Enseñanza Secundaria Obligatoria y continúen estudiando después”, asegura Marc Portal, uno de los coordinadores pedagógicos del programa.

 

 

Talleres de cine, cocina, navegación y geografía. También prácticas en centros de salud, centros deportivos, bancos de alimentos, bibliotecas, escuelas primarias, parques y jardines. Son parte del contenido de este proyecto piloto. Los resultados para el total de 50 estudiantes que participan son prometedores. “Es una experiencia muy bonita pasar por esto para saber más o menos situarte, descubrir en qué te gustaría trabajar. Motiva más, sacarte el graduado y buscarte algo para el futuro” – opina una de las alumnas del programa, Mishela Vega. Su compañera Isabel Murcia también imagina un futuro gracias a sus estudios: “Yo quiero cuidar a niños o ser auxiliar”, asegura. Ambas están en el último curso de secundaria y combinan las clases en el aula con diversas estancias formativas en empresas. Ahora tienen más claro el futuro y quieren continuar estudiando.

 

El contacto con el mundo laboral y con los profesionales que conocen en estas prácticas formativas abre nuevas perspectivas en los alumnos. Lo dice uno de los maestros: “Yo creo que les ayuda mucho también ver a su alrededor a gente que hemos estudiado y hemos hecho otras cosas. Que no todo es tan fácil”. Y es que no hay mejor manera de decir que hacer. Son clases dinámicas, prácticas y de trabajo en equipo. Gracias al empeño de los profesores que participan, otra estudiante de este programa, Miriam Gonzales, ve la meta más cerca que nunca: “En septiembre del año pasado me planteé dejar los estudios, ya que a mis 16 años ya debería haberlos terminado, pero los profesores me recomendaron seguir este programa, que es más ameno que el resto de las clases. Ahora estoy segura de que conseguiré el título”.

 

El modelo de Diversificación Curricular  distribuye las 30 horas lectivas semanales, que tienen que cursar todos los estudiantes, en tres bloques: prácticas formativas en empresas, un proyecto transversal (elaborado en parejas) y actividades con el resto del grupo que no forma parte de este programa. Las prácticas y el proyecto representan el 50% de la evaluación y, las actividades, el otro 50% para la evaluación final.

 

Este proyecto se puso en marcha el pasado curso escolar en cinco institutos de la capital catalana. En cada centro, una comisión de Atención a la Diversidad escoge a los alumnos que pueden beneficiarse con este programa. El objetivo principal es que los estudiantes asimilen los conceptos, a partir de un aprendizaje flexible que se adapta a su perfil, para motivarlos a que sigan estudiando y, de esta manera, luchar contra el abandono escolar y el absentismo.

 

El balance que hacen en el Consorcio de Educación y el distrito de esta innovadora experiencia formativa es muy positivo. En tan sólo un trimestre, los alumnos que forman parte del programa han mejorado su autoestima y el rendimiento académico. Dos factores básicos para mantener a los jóvenes vinculados a los estudios. Sean de donde sean, estén donde estén.

 

* Vanessa Jaklitsch es consultora de comunicación en el Banco Interamericano de Desarrollo.

 

Publicado originalmente en la página web de Graduate XXI: http://www.graduatexxi.org/menos-teoria-mas-practica/

 

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Esta columna fue originalmente publicada en el Blog La Educación de Calidad es posible del Banco Interamericano de Desarrollo BID.

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