• Mar. 17, 2014, media noche

Desarrollo Urbano y Vivienda del BID ha trabajado y continúa diseñando intervenciones innovadoras para las ciudades con un objetivo claro y simple: que todos los ciudadanos tengan acceso a los beneficios de la urbanización.

 

Y este es también el objetivo de este blog. Un lugar de encuentro para pensar y discutir los proyectos e intervenciones más efectivos para las ciudades que queremos construir.

 

Si uno busca en Google “ciudades” o “cities” encontrará una multitud de organizaciones, iniciativas y fundaciones especializadas en el tema,  y también una diversidad de “apellidos”: ciudades sostenibles, emergentes, seguras, inteligentes, globales, saludables, ciudades del milenio y muchas otras. Todo esto muestra que el tema es muy actual y concita el interés general.

 

 

 

¿Es esto importante para América Latina y el Caribe? Muchísimo, y por varias razones. En primer lugar, esta es la región más urbanizada del planeta. Un 82% de sus habitantes vive en ciudades, lo que equivale a 480 de 600 millones. En segundo lugar, por la velocidad de la urbanización. En los últimos 50 años Europa y América del Norte pasaron de una tasa de urbanización de 62% a 80%, mientras que América Latina y el Caribe, en el mismo período de tiempo, creció de 49% a 82%. Desde 1960 el número de residentes de las ciudades de América Latina y el Caribe se ha multiplicado por seis.  Este crecimiento acelerado se explica por la migración campo-ciudad en la década del 60 y 70 y el boom demográfico que recientemente ha comenzado a declinar.

 

 

La urbanización tiene muchos efectos positivos, especialmente para la economía, la innovación y el intercambio de conocimiento. Muchas ciudades son los centros más importantes en generación de bienes y servicios. Así, Lima, Buenos Aires y Montevideo son responsables por más de la mitad del PIB de sus respectivos países.

 

Pero la rápida urbanización de América Latina y el Caribe también ha traído efectos no deseados. Un alto porcentaje de los habitantes de ciudades viven bajo la línea de pobreza. De los 180 millones de pobres en la región, 125 millones viven en ciudades.  Esto se debe a que el crecimiento demográfico ocurrió mucho más rápido que el crecimiento económico.

 

Recientemente, al gran número de familias de bajos ingresos que demandan acceso a servicios básicos se suma una clase media emergente con demandas cualitativamente distintas: más seguridad, menos contaminación, mayor transparencia y mejor movilidad. Crece la demanda, pero la capacidad de respuesta de las ciudades y sus gobernantes es, en muchos casos, limitada.  Instituciones débiles, mal manejo de ingresos, peores decisiones sobre gastos e inversiones y prioridades definidas por ciclos políticos, son los males que impiden una respuesta efectiva de las autoridades.

 

La urbanización con pobreza genera además problemas de violencia, degradación de barrios, informalidad, crecimiento desordenado y baja densificación.  A esto hay que añadir los temas ambientales y de cambio climático. El 82% de la población de América Latina y el Caribe viven en áreas de baja elevación costera.

Estos son formidables desafíos de la región. Y este es nuestro espacio para compartir con nuestros lectores nuestras experiencias en América Latina, las lecciones que aprendemos, el conocimiento que generamos y las buenas prácticas que fomentamos. Los invitamos a sumarse.

 

Esta columna fue publicada originalmente en el Blog Urbanización y Pobreza del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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