• Mar. 17, 2014, media noche

Los pequeños estados insulares en desarrollo son particularmente vulnerables a los efectos del cambio climático. Por este motivo, estados insulares de la región Caribe como Jamaica, Trinidad y Tobago o Barbados son laboratorios en los que ensayar medidas de adaptación que les permitan enfrentarse a los desafíos del cambio climático de la manera más costo-efectiva posible.

 

 

 

Un estudio sobre la economía de la adaptación al cambio climático realizado en Trinidad y Tobago ha concluido que existen cinco medidas de menor coste y mayor impacto con una mejor tasa de retorno de la inversión de gobiernos y sector privado:

 

 

1. Crear un Código Nacional de Construcción: consiste en desarrollar una normativa a nivel nacional para la construcción de nuevos edificios, de manera que los arquitectos y los ingenieros diseñen edificios más resilientes al cambio climático y estén preparados para soportar impactos como tormentas tropicales, terremotos y otros eventos extremos que serán cada vez más frecuentes.

 

2. Restauración de manglares: estos ecosistemas aportan grandes beneficios a su entorno, ya que absorben CO2, mejoran la biodiversidad y protegen las costas de la erosión actuando como barrera natural. Además, de ellos se extrae leña y sirven como zona de pesca, contribuyendo al desarrollo de la economía local. Su restauración es una medida de bajo coste y altos beneficios, por lo que constituye otra de las medidas clave.

 

3. Sistema de alerta meteorológica: se trata de implantar un sistema que recoja la información relativa al clima en la región y permita difundirla en tiempo real vía Internet, televisión, radio, etc. Esta información resultaría muy valiosa para la ciudadanía, ya que de esta forma podrían prepararse para los impactos de los fenómenos extremos como las tormentas tropicales y reducir la cuantía de los daños causados.

 

4. Protocolos de emergencia y programas de capacitación: estas propuestas están dirigidas tanto a la población en general como a las instituciones. Por un lado, consistiría en homogeneizar los protocolos de emergencia existentes en el país para eventos meteorológicos extremos bajo un marco común, de manera que resulten fáciles y accesibles para la ciudadanía y se difundan públicamente. Asimismo, se desarrollarían programas de capacitación encaminados a formar e informar a los agentes públicos sobre el cambio climático y sus efectos, con el objetivo de capacitarles en el dominio de situaciones de emergencia.

 

5. Zonas verdes en los tejados de los edificios: mediante esta medida se colocarían “jardines” en la parte superior de los edificios que, además de absorber CO2, favorecerían la climatización de los mismos y reducirían la escorrentía del agua en las ciudades. Además, contribuirían a aumentar la concienciación por parte de la ciudadanía respecto al cambio climático y la necesidad de fomentar las zonas verdes en la ciudad.

 

Estas medidas son parte de los hallazgos de la metodología Economía de la Adaptación al Clima (ECA, por sus siglas en inglés), que cuantifica los costos económicos que supondría adaptarse a los impactos derivados del cambio climático que actualmente tienen lugar en América Latina y el Caribe. Trinidad y Tobago es el primer país de la región que está aplicando esta metodología a través de un proyecto financiado por el BID y desarrollado por Factor CO2,laUniversidad de las Indias Occidentales (UWI) y el Instituto de Hidraúlica Ambiental de Cantabria (IH Cantabria). El estudio será publicado próximamente aquí.

 

Lee más sobre adaptación al cambio climático en Trinidad y Tobago:

 

¿Quién va a pagar al flautista del cambio climático? Por Gerard P. Alleng.

 

Plan de acción sostenible para Puerto España, Trinidad y Tobago.

 

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Esta columna fue originalmente publicada en el Blog Hablemos de Cambio Climático del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

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