• Mayo 7, 2014, media noche

 

 

¿Qué tiene que ver el machismo con la violencia contra las mujeres? La mayoría diría que un hombre más agresivo tiene más probabilidades de cometer actos de violencia – en contra de las mujeres y en contra de otros hombres. Hay mucha evidencia que sugiere que es así. Pero sabemos que no basta únicamente con decirles a los hombres que dejen de ser machistas.

 

Necesitamos entender cómo se forman las identidades de los hombres en una comunidad para después comenzar a construir – juntos – conceptos alternativos y más sanos de lo que significa ser un hombre.

 

Esto es un campo que está emergiendo en la prevención de la violencia: creando identidades masculinas que sean saludables y no violentas. Estas nuevas identidades producen actitudes más equitativas sobre las relaciones entre hombres y mujeres sin la violencia de por medio, y entre hombres y sus comunidades. Este cambio es crucial para reducir la violencia, y la aceptación de la violencia, y es un tema que va a ser  discutido en nuestra Sexta Clínica de Seguridad Ciudadana, que se realiza en Ciudad de México el 6 y 7 de mayo.

 

Según un informe especial sobre género y violencia, la lección clave es que la “violencia es en última instancia aprendida y alentada en el ambiente social – lo que sugiere que también puede ser desaprendida”. Esto complementa el abordaje de la prevención de la violencia desde una perspectiva de la salud pública, que considera la violencia como un comportamiento aprendido en parte por las normas sociales – es decir, “transmitido” como una enfermedad, como lo expresa el programa de intervención en la violencia pandillera, Cure Violence.

 

Sabemos que la gran mayoría de la violencia y la violencia criminal es perpetrada por y en contra de hombres jóvenes – a nivel de homicidios global, un 79 por ciento de las víctimas y 95 por ciento de los responsables son hombres. Gran parte de esta violencia está atada a organizaciones criminales y pandillas callejeras, que celebran la imagen y el estatus social de un hombre tipo híper-agresivo.

 

Por ejemplo, una expresión común en los vecindarios urbanos en Jamaica con presencia de pandillas es “falta pistola, falta mujer”. La cultura intra-pandillera en Centroamérica hace cumplir reglas que recompensan la violencia extrema por parte de los hombres y el estatus servicial de las mujeres.

 

Las investigaciones revelan que en muchas zonas marginadas el comportamiento “masculino” híper-agresivo – incluyendo el uso de la violencia – es considerado una manera más segura de acceder al dinero, al poder, y a la protección. Interrupciones en la capacidad del hombre para proveer y proteger a su familia — por culpa de un conflicto armado o una crisis económica — puede poner una mayor presión en los hombres a utilizar la violencia para ejercer esos roles.

 

Con demasiada frecuencia, las respuestas de las policías al aumento de la violencia pandillera es altamente militarizada, lo que refuerza la noción de la masculinidad híper-agresiva.

 

Estos mismos efectos en la masculinidad agresiva también influencia la violencia ejercida por hombres en contra de las mujeres en sus propias casas. Programas con frecuencia enseñan las mujeres que no necesitan ser sumisas, avergonzadas o silenciosas cuando se enfrentan con violencia o el abuso por parte de su pareja – pero muchas veces no ofrecen alternativas a los hombres que aprendieron que debían demostrar debilidad.

 

Los chicos aprenden estos conceptos de la masculinidad a una edad temprana – y los niños que son víctimas de la violencia en su hogar tienen mucha más probabilidad de cometer actos de violencia como adultos. Es esencial proveer servicios de apoyo para hombres que han experimentado el trauma y la violencia, ya sea en su niñez o como adultos, en sus familias o en las calles. También necesitamos progamas que enseñen que hablar de sus emociones, el ser un padre comprometido, y la solución de conflictos de manera no violenta, son características centrales de ser un hombre.

 

Hay algunos ejemplos que prometen en América Latina y el Caribe.

Por ejemplo, la paternidad positiva del Programa H la ONG brasileña Promundo (parcialmente fondeado por el BID), que involucra a los hombres por medio del deporte y talleres interactivos, tiene resultados positivos en lo que se refiere a un cambio de actitudes sobre normas de género, incluso tras una intervención breve de seis meses, utilizando la herramienta de estudio IMAGES. Los hombres con punto de vista más equitativos en términos de género tienen menos riesgos de contraer el SIDA y de ser violentos. En Brasil el programa significó una baja en 10 puntos porcentuales entre hombres que dijeron estar de acuerdo con la declaración, “A veces una mujer merece una golpiza”. Más de la mitad del grupo intervenido ahora dicen que interactúan con mujeres de manera diferente.

 

Un programa similar con hombres jóvenes en Chicago (Becoming a Man) produjo una baja de 44 por ciento en delitos cometidos por los participantes en situación de riesgo. Estos descubrimientos están produciendo investigaciones comparativas intrarregionales sobre la socialización de género y la violencia, con un enfoque especial en los centros urbanos.

 

Abordando temas de masculinidad, entonces, no solo protege más a las mujeres. Ayuda a los hombres.

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