• Jun. 2, 2014, media noche

Hace poco más de un mes Giovanny Vidal Reyes Almeida, al que todo el mundo conocía como Giovanna, moría a cuchilladas en la peluquería que regentaba en un barrio marginal de la ciudad de Guayaquil, Ecuador. Se trataba del cuarto asesinato de una persona transexual de este año y el primero en el que la policía detenía al culpable.

 

Diferentes estudios revelan que los asesinatos de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales e intersex (GLBTI) son frecuentes. Y si se desglosa esta estadística encontramos que en el  75% de los casos la víctima es una trans femenina. Este es uno de esos casos, aunque es difícil de saber al escuchar la noticia en este informativo porque el titular, es cierto, guarda respeto a su orientación sexual, pero no a su identidad de género. Es decir, es tratada en masculino.

 

Los medios de comunicación son una forma de analizar los rastros históricos de cualquier proceso. Indiscutiblemente unos tienen más credibilidad que otros, pero lo importante es que la huella del hecho no se pierde. En este caso, la prensa muestra sus propios aciertos y errores ante un proceso históricamente discriminado, como lo son las poblaciones de diversidad sexual.

 

Esa huella impresa es la que me llevó a elaborar el Informe hemerográfico correlacionado a los cambios legales por orientación sexual e identidad de género en Ecuador de 1990 al 2013. Y lo que revela este estudio es que, en general, el trato que la población GLBTI recibe en los medios es mucho peor que el descrito aquí. Es incluso posible encontrar titulares como Mataron a badea, porque para este medio un GLBTI es una cosa, no un ser humano.

 

En Ecuador, gracias al reconocimiento que la Constitución aprobada en 1998 da a la no discriminación por orientación sexual y la aprobada en 2008 a la identidad de género, hoy los medios de comunicación tienen una responsabilidad social que no puede de ninguna forma ser pisoteada.

 

Sin embargo, a pesar que en el caso de la orientación sexual (GLB) este derecho es respetado en la mayoría de medios –comprendiendo que hay ya 16 años de por medio–, el más reciente reconocimiento de la identidad de género sigue siendo un sorteo de aprobaciones y reprobaciones de respeto a las personas trans e intersex.

 

Y este tipo de lenguaje tiene una gran influencia, al punto de revelar datos estadísticos de violencia y discriminación contra estas comunidades. Es decir, que el lenguaje que emite un medio de comunicación documentadamente revela qué impacta en la sociedad. Si maneja un lenguaje peyorativo, discriminatorio y/o violento, la sociedad reaccionará de la misma forma. Por supuesto, no es el único factor social, pero es uno de los potencialmente influyentes.

 

Este estudio desnuda por completo el poder de destruir o construir de los medios de comunicación. Es una oportunidad en que los medios tienen de apostarle a una mejor sociedad, ejerciendo efectivamente su responsabilidad social, dejando su interés económico a un lado y enfocándose en la capacitación y sensibilización de su personal. Con medios responsables y un lenguaje inclusivo y respetuoso tendremos una sociedad que difícilmente apruebe el estigma y discriminación que se han naturalizado al punto de respirarla en el diario vivir, sin ni siquiera ser conscientes.

 

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