• Jun. 9, 2008, 12:15 p.m.
Hace mucho tiempo, escribí un poema que decía: Y escribimos hablamos como desesperados mientras el tiempo va pasando y vamos agachando cada día más la cabeza.

Los nicas seremos lentos, pero tenemos un reloj interno que nos suena la alarma cuando llega el momento en que la tolerancia deja de tener sentido. Alguien siempre activa esa alarma. A veces muriendo, como Pedro Joaquín Chamorro; o ayunando como ahora Dora María Téllez. Ella se ha alzado en medio de la multitud inconforme, para demostrar que la libertad no es negociable y que, ante la injusticia, no cabe ni el silencio, ni la pasividad.

Dora María Téllez, con su ejemplo, está enarbolando nuestra dignidad al llevar a cabo una acción moral, ejemplar y contundente. Era necesario que alguien se saliera del griterío y diera el ejemplo. Era necesario que alguien se arriesgara y, al hacerlo, nos sacudiera la indiferencia, la comodidad, la costumbre de quejarnos como lloronas en un entierro ajeno, mientras seguimos soportando desmanes y descalificándonos mutuamente porque el otro no tiene la fórmula perfecta.

Ahora la pelota está en nuestra cancha. Quienes queremos que este gobierno deje de irrespetarnos y de burlarse de las leyes, de la justicia, de la institucionalidad, del hambre y la necesidad de la mayoría de los nicaragüenses, tenemos que manifestarnos, tenemos que ser solidarios con Dora María. No sólo debemos luchar para que no nos cancelen las opciones políticas y eliminen al MRS –al que quieren eliminar porque es el que más amenaza al orteguismo; debemos luchar para que viva Dora María. Ella es demasiado valiosa para que permitamos que perezca en esta huelga de hambre. Su valiente desafío debe marcar un alto en el camino de bandazos y desmanes, pactos y repactos que hemos venido recorriendo desde hace más de una década y que, lejos de remediarse, se ha agravado con la llegada del orteguismo al poder.

La acción valiente de Dora María es un campanazo salido del mismo corazón del patriotismo histórico que inspiró a Sandino a irse a la montaña con sólo treinta hombres, y que décadas más tarde, inspiró a todo un pueblo a rebelarse contra una dictadura dinástica de cuarenta y cinco años.

Si algo nos ha enseñado nuestra historia es a leer los síntomas puesto que ya conocemos la enfermedad. Hemos aprendido que el peor camino es el de la pasividad, porque éste sólo conduce a la acumulación de agravios y al estallido social. Por eso, antes de llegar allí, ahora mismo, debemos actuar y unir todos nuestros vigores dispersos, como dijo Rubén, para detener la implacable marcha de las mezquinas ambiciones de esos dos caudillos que intentan repartirse Nicaragua y desbarrancar nuestra esperanza.

En estos días, seamos todos y todas DORA MARIA. Hagámonos presente a su lado, sonemos las cazuelas contra la carestía de la vida, pongamos banderas en nuestras casas, carros o brazos, exijamos el diálogo nacional, el fin de los chantajes y amenazas, la transparencia, el fin de las reformas espurias a nuestra constitución. DORA MARIA ES NICARAGUA. ELLA SE LO MERECE, EL FUTURO Y LOS POBRES DE NUESTRO PAIS LO DEMANDAN.

Junio 6, 2008

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