• Jun. 2, 2014, media noche

Lucas era un niño muy alegre. Le encantaban los trenes, jugar con la pelota, dibujar y ver muñequitos en la televisión. Pero un día todo cambió. Lucas tomó una pistola que su padre guardaba en una gaveta al lado de su cama y accidentalmente le disparó a su hermanita, ocasionándoles la muerte instantánea. La escena se ha hecho relativamente común, tanto en Estados Unidos como en América Latina y el Caribe.

Cada año, las muertes por armas de fuego aumentan en muchas ciudades. La imagen de ciudadanos armados en lugares públicos, en el recorrido a sus centros de trabajo o caminando en las calles aledañas a sus viviendas se va convirtiendo en una estampa común del paisaje urbano latinoamericano.

La gran mayoría de quienes deciden obtener legalmente un permiso de porte y/o tenencia de arma de fuego lo hacen bajo la premisa de que esta medida servirá como protección ante la posibilidad de ser objeto de un crimen. Quizás muchos de los lectores piensen eso. Están equivocados[1]. La mayoría de los estudios muestran que la probabilidad de morir como resultado de arma de fuego es muy superior en los casos de quienes poseen armas en comparación con aquellas personas que no las poseen.

Si recientemente has pensado tener un arma, te recomiendo que primero pienses en lo siguiente:

  1. Muertes accidentales o incidentes de miembros de la familia. Algunos estudios han encontrado que es 12 veces más probable que un arma de fuego sea utilizada en contra de un miembro de la familia[2] (accidental o voluntariamente) que en contra de un intruso que viene a cometer un crimen. Adicionalmente, la mayoría de los casos en los que un adolescente utiliza un arma de fuego en contra de compañeros de estudio o de trabajo, es porque  ha sido criado en un ambiente donde sus padres poseen armas de fuego[3].
  2. Quien posee un arma de fuego es legalmente responsable de su uso. En la mayoría de las legislaciones el propietario de un arma de fuego tiene serias responsabilidades por su uso, ya sea consentido o no. Si se te pierde tu arma o te la roban y luego dicha arma es usada para cometer un crimen, puedes pasar por momentos amargos.
  3. Violencia doméstica. En los hogares en donde hay armas de fuego la mujer que es víctima de violencia doméstica tiene 7 veces más probabilidades de que el abuso termine en homicidio en comparación con otro tipo de hogares[4].
  4. Depresión, alcoholismo y medicamentos. Algunas situaciones transitorias de depresión, uso de medicamentos controlados o alcoholismo se ven seriamente agravados cuando la persona tiene acceso a un arma de fuego en su vivienda. Situaciones de suicidio en este contexto podrían ser  más comunes[5].
  5. Entrenamiento y eficacia. La mayoría de las personas es capaz de “disparar” un arma. Pero una cosa es disparar y otra usarla eficazmente. El aprendizaje para manipular con destreza un arma  requiere meses de entrenamiento. Sin ese entrenamiento, el arma pasa a ser un problema más que una solución.

Quizás puedas imaginar otras diez, quince o veinte razones para no tener un arma de fuego en tu hogar y compartir esas razones con quienes te rodean.

 

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