• Jun. 2, 2014, media noche

12 de junio. Todo listo. Los jugadores calentando, las cámaras de televisión en posición, los hinchas vestidos para la ocasión, los transistores de millones de hogares alrededor del mundo se encienden al mismo tiempo… ¡Empieza el Mundial! Sobre el terreno de juego, 22 jugadores van a dejar todo en el partido, intentando exprimir como un limón cada una de sus habilidades futbolísticas. Es un “duelo de habilidades”, donde la victoria depende de la mágica combinación tanto del talento innato como de las horas y horas de abnegado entrenamiento de cada jugador. Aquí el éxito no sólo se consigue siendo una estrella, sino que, además, cada una de las habilidades personales debe encajar con todo un equipo. Pero, ¿se imaginan qué le pasaría a una selección que no tuviera ni un solo arquero? ¿Qué podría hacer un entrenador que no dispusiera de defensores? ¿Tendría alguna opción de convertirse en campeón?

 

Lo que en un campo de fútbol se podría convertir en un fracaso estrepitoso, en el mundo de las empresas nos pasa muy a menudo, con la peculiaridad de que la tragedia es menos visible y más difícil de diagnosticar. Pero no por ello es menos real. La llamada “brecha de habilidades” afecta de lleno a Brasil y a la mayoría de países de la región (ver video al final del post). Los datos son contundentes:

 

El 71% de los empresarios brasileños tienen dificultades para llenar sus vacantes y este porcentaje ha ido en aumento (Manpower, 2013). En términos futbolísticos, esto sería como detectar que necesitas un goleador para tu equipo y no poder alinear a ninguno. De igual forma, los empleadores de Brasil son los más preocupados de la región de América Latina y Caribe (59%) por el impacto que tiene la brecha de talento sobre los clientes y los inversores. Por otro lado, según la Encuesta de Empresas 2010 (financiada por el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo), siete de cada diez empresas de Brasil consideran que la falta de una fuerza laboral bien preparada es una restricción seria o muy seria para sus planes de innovación y desarrollo. Los empresarios identifican claramente el problema, pero aún no han encontrado la solución.

 

Si volvemos al símil futbolístico, parece claro que la economía de Brasil (y del resto de la región) tiene un serio obstáculo para ganar el partido de la competitividad global. Afortunadamente, Brasil ya ha empezado a moverse para cerrar esa brecha (en el post de la semana que viene les comentaré algunos pasos hacia adelante en este tema, a través de colaboraciones público-privadas). Aun así, la brecha de habilidades continúa siendo un freno para el desarrollo de Brasil. El partido ya ha comenzado, y no se puede jugar al fútbol con la pelota parada.

 

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