• Jun. 17, 2014, media noche

La participación femenina en la fuerza laboral sigue creciendo en América Latina y el Caribe (LAC). De hecho, este crecimiento es una de las razones por las que la región tiene ahora – con todas sus desigualdades – ingresos medios. Con 5 jefas de Estado, las mujeres son cada vez más visibles como líderes del sector público y privado y sus cifras de ingreso en la Universidad son similares a las de los hombres. Y, sin embargo, las desigualdades de género persisten: en 2010, el 46% de las mujeres en edad de trabajar en LAC formaban parte de la fuerza laboral remunerada, frente al 76% de los hombres.

 

¿Qué impide que las mujeres alcancen su pleno potencial económico? Una razón clave es el trabajo doméstico no remunerado. En toda la región, las mujeres se encargan de más del doble de tareas del hogar que los hombres. Por dar un ejemplo, los datos nacionales sobre hogares de Brasil encontraron que el tiempo que las mujeres dedican al trabajo y cuidados en el hogar no remunerados disminuyó ligeramente entre 2001 y 2011, pasando de 24 a 22 horas semanales (tiempo a sumar al que dedican a su trabajo fuera de casa). ¿Y cuánto tiempo dedicaron los hombres a estas tareas? Pues en 10 años pasaron de dedicar 10 horas por semana a la friolera de 10 horas y 8 minutos.

 

Esta carga tan desigual mantiene a las mujeres fuera del mercado de trabajo, y refuerza la idea de que el cuidado de los miembros de la familia es trabajo de mujeres y niñas, mientras que la labor de los hombres es atender todas las cosas importantes que suceden fuera del hogar.

Poco a poco, sin embargo, está teniendo lugar una revolución: algunos hombres están asumiendo en mayor proporción que las mujeres los trabajos de cuidado y algunos países se están tomando en serio esta participación. En Chile, el programa del Gobierno para la infancia temprana Chile crece contigo promueve la participación de los padres en las visitas prenatales, el parto y el desarrollo de los niños. El Ministerio de Salud de Brasil ha creado un Departamento de la Salud del Hombre que lleva a cabo cursos de formación para los futuros padres sobre cómo ser un progenitor más participativo, corresponsable y no violento. En toda la región, las ONG y los gobiernos están sumándose a MenCare, una campaña mundial para promover la participación de los hombres como cuidadores de forma más equitativa y comprometida.

 

El secreto para promover una mayor participación de los hombres como cuidadores es poner de relieve los beneficios que eso trae para todos. Por ejemplo, los datos de IMAGE y otros estudios demuestran que contribuye a la reducción de la violencia familiar. Las investigaciones han encontrado que las niñas criadas en hogares donde ambos progenitores son corresponsables de su cuidado son menos propensas a sufrir relaciones sexuales no deseadas. Los hombres que tienen relaciones más estrechas con sus hijos contribuyen más al ingreso del hogar, por lo que sus hijos tienen menos probabilidades de crecer pobre. Las mujeres con parejas más involucradas en el parto y el embarazo tienen mayores posibilidades de tener partos más seguros y tranquilos, amamantar a su bebé y acudir a controles prenatales.

 

Estudios realizados en Suecia y los EE.UU. encuentran que los hombres que reportan estrechas relaciones con sus hijos viven más tiempo, tienen menos problemas de salud mental, son menos propensos a abusar de las drogas, son más productivos en el trabajo y son más felices que los hombres que no están conectados con sus hijos.

 

Ni los hombres ni las mujeres quieren hacer más tareas domésticas. Pero cuando se trata del cuidado de los niños, la evidencia demuestra más y más que las mujeres, los niños y niñas y los hombres mismos se benefician cuando los hombres están más involucrados. Es hora de sacar el Día del Padre de las tarjetas de felicitación y las camisetas y convertirlo en una verdadera causa, por los hombres, por la igualdad de género y para la reducción de la pobreza en la región.

 

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