• Jul. 15, 2014, media noche

A nivel secundario, las niñas superan a los niños y son más propensas a persistir, a graduarse de la universidad y a obtener un título universitario. Para entender por qué esto ocurre, una nueva investigación de DiPrete y Buchmann sugiere que es necesario ver más allá del octavo grado.

 

Las niñas comienzan la escuela más listas para aprender que los niños. Desde el preescolar, son mucho más atentas, tienen más ganas de aprender, son persistentes, empáticas, flexibles y más independientes que los niños. Y, por supuesto, también se comportan mejor.

 

A medida que esta diferencia entre vida social y comportamiento se incrementa a lo largo de la escuela primaria, empiezan a aparecer brechas importantes en los aprendizajes. Ya en octavo grado, casi la mitad de todas las niñas recibe una mezcla de calificaciones entre sobresalientes y destacadas. Por el contrario, solo un tercio de los niños lo logra. Estas estudiantes probablemente se gradúen de la universidad; mientras que aquellas con calificaciones bajas probablemente no lo hagan. También, es probable que las mejores estudiantes tengan mayor éxito en el mercado de trabajo y traigan a casa una mayor tajada del pan de cada día a la familia.

 

Las calificaciones de los estudiantes al pasar por octavo grado no son las únicas que permiten predecir quiénes terminarán en la universidad. Los resultados de las pruebas estandarizadas también pueden hacer el trabajo y, frecuentemente, cuentan la misma historia. En todos los puntajes de todos los quintiles de la Batería de Aptitud Vocacional de las Fuerzas Armadas (ASVAB – por sus siglas en inglés), una prueba general estandarizada, sigue siendo más probable que las niñas, a diferencia de los niños, se gradúen de la universidad antes de los 25 años.

 

No obstante, DiPrete y Buchmann encuentran que las calificaciones de octavo grado predicen mejor la finalización de la universidad que los resultados de exámenes estandarizados.

Y aquí es donde el análisis se pone realmente interesante.

 

Las calificaciones de octavo grado tienen menos que ver con calificaciones y bastante más que ver con el hecho de que son indicadores de patrones de conducta aprendidos desde temprano que persisten durante toda la secundaria y universidad. Los niños que hacen más tarea, faltan menos a clase, recuerdan traer sus útiles escolares y generalmente no se meten en problemas. También tienden a tener promedios más altos y mayores probabilidades de terminar la universidad. La mayoría de estos estudiantes son niñas.

 

Las brechas entre las habilidades sociales y de comportamiento son el centro del análisis de DiPrete y Buchmann. Las diferencias que identifican son mayores entre los niños y las niñas que entre los niños de familias pobres y de clase media o que entre los niños blancos y negros.

 

Aunque no se dispone de datos, las diferencias se manifiestan en diferentes países. Por ejemplo, moviéndonos más cerca de nuestra región, en el Caribe, las niñas superan a los niños desde primaria en adelante. Alrededor de octavo grado, las tasas ausencia y abandono escolar de las niñas son alrededor de la mitad que las de los niños. Para el momento en que se toman los exámenes CXC, las tasas de aprobación de las niñas son el doble que las de los varones en todas las materias.

 

Hoy en día, muchas escuelas están reprobadas en enseñar, pero sobre todo le han fallado a los varones. El éxito académico requiere más que fuerza física e inteligencia. Debemos poner más énfasis en el desarrollo, perfeccionamiento y adaptación de las habilidades socio-emocionales y de comportamiento. Y esto tiene que empezar antes de que los niños si quiera entiendan las diferencias básicas entre niños y niñas.

 

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