• Jul. 16, 2014, media noche

Sobra decir que un canal interoceánico en Nicaragua tendría efectos económicos, ambientales, sociales y políticos muy importantes para el país que, por falta de información y dificultades de predecir, no sabemos si en su conjunto serían positivos o negativos.

En lo que sigue, dado mis conocimientos, me refiero al tema económico, pero no sin antes mencionar las declaraciones del Sr. Morten Nygart, asociado al proyecto, quien, según el Informe Pastrán del pasado 7 de julio, dijo que bajo una perspectiva ecológica global el canal podría ser considerado muy positivo, ya que reduciría las emisiones de carbón a nivel mundial a pesar de su impacto negativo en el Cocibolca.

Estas aseveraciones son ofensivas para nosotros, ya que dicen que no importa si la ecología de Nicaragua sufre si la del resto del mundo mejora. De ser así, los beneficiados por la menor emisión de carbono mundial deberían compensar a Nicaragua por su aporte.

Necesitamos una opinión objetiva del impacto ecológico del proyecto y una información completa y transparente sobre el mismo en todos sus aspectos ambientales, sociales y económicos. Un proyecto tan importante para el país no se puede considerar sólo “privado”, y el “gobierno” tiene la obligación de proteger a su pueblo.

Pasando a lo económico, una inversión de la que se habla, si se realiza, tendría en principio y durante su ejecución, un impacto favorable de corto plazo en el ingreso, el empleo y el consumo de los nicaragüenses. Su magnitud dependería del contenido importado de las obras y del empleo de nicaragüenses que genere, sobre lo cual todavía no hay información.

Sin embargo, hay que pensar en qué pasa después. Como ya lo han señalado otros economistas, como don Adolfo Acevedo y don Néstor Avendaño, al terminar las inversiones del Gran Canal la situación se revertiría con una disminución del ingreso, del empleo y del consumo, aunque no necesariamente a niveles menores que al inicio de la obra. Piensen en una muy buena cosecha de café que trae bonanza seguida de una muy mala que trae desempleo.

Por lo tanto, tenemos que prepararnos para aprovechar los posibles beneficios de un posible Gran Canal y minimizar sus efectos adversos.

Primero tenemos que minimizar lo que se conoce como la “enfermedad holandesa”. Tradicionalmente, inversiones de la magnitud como se anuncian para el Gran Canal suben desmesuradamente los costos de producción (salarios, servicios, etc.), generan inflación y por ende minan la competitividad de los países. El resultado es que el sector ligado a estas inversiones prospera mientras que el resto de la economía se estanca o cae.

Para minimizar la enfermedad holandesa y evitar que el resto de la economía se estanque (por ejemplo, Venezuela con su riqueza petrolera) tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para mejorar la competitividad del país. Esto requiere, como FUNIDES ha venido recomendando, mejorar rápidamente nuestra institucionalidad y el estado de derecho, nuestra educación y nuestra infraestructura. Asimismo se necesitan regulaciones y servidores públicos que faciliten los negocios y las inversiones, en vez de obstaculizarlos.

Como medida inmediata tenemos que asegurarnos que nuestros trabajadores tengan las calificaciones que demandaría un Gran Canal, para que los empleos sean primordialmente para los nicaragüenses.

El gobierno debe dar a los nicaragüenses toda la información necesaria en relación al calendario de las inversiones, para que nos preparemos y las aprovechemos. El proyecto que se presentó el 7 de julio tiene varios componentes (algunos que no son parte integral del mismo como los de turismo), pero no una indicación de los tiempos.

Finalmente, pero no menos importante, los ingresos adicionales que recibiría el estado deben ser dedicados a mejorar la competitividad del país (carreteras, educación) y a darle más activos a los pobres (de nuevo, educación, salud, crédito).

Necesitamos una economía que crezca más rápidamente para tener más y mejores empleos y reducir más rápidamente la pobreza inaceptable que tenemos. El proyecto del Gran Canal no puede ni debe distraernos del esfuerzo diario y difícil de mejorar nuestra competitividad y potencial de crecimiento.

*El autor es Presidente de la Comisión Económica de FUNIDES. Sus opiniones son personales.

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