• Jul. 31, 2014, media noche

La gran mayoría de las familias latinas que viven en el área de Columbia Heights en Washington, Estados Unidos, son inmigrantes de Centroamérica que, luego de guerras civiles, llegaron al país en busca de una mejor calidad de vida. Su necesidad de adaptarse a una nueva cultura provoca, en muchos casos, la incorporación de hábitos distintos a los de sus países de origen. Si bien pueden ser positivos y propiciar una sensación de integración, en algunos casos conlleva a una merma en la diversidad cultural, y en el caso particular de la alimentación, a un consumo de alimentos de bajo valor nutricional como la comida rápida o “fast food” ¿Por qué se da esto y qué podemos hacer al respecto?

 

Hay diversas razones que van desde el fácil acceso y costo de alimentos a la adaptación a una forma de vida que identifica a la estadounidense, como hamburguesas, sodas y papas fritas, por ejemplo. Viendo esta necesidad trabajé por más de 5 años con estas comunidades latinas. Mi mirada profesional, ya que soy nutricionista, sumada a mi mirada inmigrante, ya que soy chilena, me dieron la oportunidad de comprender y trabajar junto a cientos de familias que, por diversas razones, viajan desde sus países de origen y deben adaptarse a un nuevo lugar.

 

Junto a Bea Zuluaga, chef colombiana, y a un grupo de mujeres centroamericanas, nos propusimos ir en busca de esa mejor calidad de vida, rescatando los sabores de la tierra de origen y los recuerdos que ellos evocan.

 

Para ello, en la organización CentroNía, trabajamos junto a educadores, granjeros, madres, padres y estudiantes en el rescate de  la cultura alimentaria, incorporando los sabores de nuestras tierras y descubriendo otros nuevos, traídos a Estados Unidos desde diferentes rincones del mundo. Creamos menús basados en productos frescos,  idealmente cultivados en áreas cercanas a la ciudad y de buena calidad; ricos en fibra, vitaminas y minerales para así evitar caer en la cultura “Fast Food” tan presente en la alimentación estadounidense.

 

Para lograr que cientos de estudiantes y sus familias rescatasen sus orígenes alimentarios, conocieran otras culturas por medio del paladar y aprendieran sobre cómo alimentarse de manera adecuada y equilibrada, desarrollamos las siguientes actividades:

  1. Incluimos actividades de cocina con padres y estudiantes
  2. Entrenamos a los educadores en temas de nutrición y salud
  3. Diseñamos programas de huertos escolares con fines educativos
  4. Creamos, con la ayuda de expertos en educación, el  currículum “I Want to be Healthy” (Quiero ser saludable) desarrollado dentro del horario de estudios de los alumnos de CentroNia y DCBilingual Public Charter School
  5. Participamos en actividades fuera del horario escolar

Nuestro programa llamado “Eat Healthy, Live Healthy” (Come Sano, Vive Sano) fue premiado por la primera dama de Estados Unidos, señora Michelle Obama, y fue usado por ella como ejemplo a seguir por el resto de las escuelas en el país. Esta notable distinción nos dio la oportunidad de demostrar a otros lo que los alimentos, y la forma en que nos relacionamos con ellos, pueden aportar al desarrollo integral de las comunidades, independientemente de su país de origen.

 

A estos hechos le sucedieron nuevas políticas públicas, como el “Healthy School Act”, las que proporcionaron la solvencia desde el Estado para apoyar estas iniciativas y transformarlas en medidas para toda la sociedad. Los altos niveles de mala alimentación en Estados Unidos, mayoritariamente en comunidades vulnerables como son las minorías étnicas, deben ser combatidos con acciones y medidas políticas.

 

Las actividades realizadas en CentroNía y el éxito de este programa muestran que acciones sencillas, apoyadas por políticas públicas que otorguen sustentabilidad, pueden cambiar la forma en que nos alimentamos y revalorizar nuestra cultura alimentaria.

Quiero invitar a los países a rescatar sus sabores, conocer y entender cómo y dónde crecen los alimentos, los efectos que ejercen en nuestra salud, así como a tomar conciencia de que los alimentos ultra procesados, cada vez más instalados en nuestra alimentación cotidiana, solo entregan calorías vacías con elevados niveles de sal, azúcar y grasas saturadas. El sólo hecho de pensar en que una hamburguesa de cadena de comida rápida tenga el mismo sabor en Estados Unidos que en una localidad del Sudeste Asiático, no me parece algo correcto.

 

Te invito también a conocer y participar de las iniciativas alrededor del mundo para rescatar la cultura alimentaria, la cocina y los tiempos de cocina.

 

¿Qué tipos de iniciativas existen en tu comunidad?

 

Sofía Bustos es la Directora Ejecutiva de la Corporación Actuemos.

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