• Ago. 12, 2014, media noche

“Soy María, tengo 14 y estoy embarazada”. Así se identificó María en el centro de salud cercano a su hogar mientras esperaba a ser atendida. Como ella, otras esperaban solas, con sus amigas, sus abuelas, sus madres y pocas con sus parejas. Esta es una realidad frecuente en nuestra América Latina.María quería saber qué exámenes debía hacerse, qué comer y qué no comer; quería saber qué sería de ella y de su hijo en formación. Tenía tantas preguntas, tanta ansiedad y miedo. Quería la información para poder compartirla con su novio y su amiga. Solo ellos sabían de su embarazo. En su casa nadie sospechaba y ella esperaba que no lo supieran pronto.

 

En la sala de espera escuchó y compartió historias con las nuevas madres; algunas agradables, otras llenas de tristeza, de pesar y de rabia porque varios de los embarazos eran producto de violaciones, de imposición a la fuerza por familiares, amigos o por desconocidos. Ella, aunque sin haberlo planeado, estaba embarazada del hombre que quería. Muchas de las mujeres le decían: él te quiere, pero, ¿quiere al niño?, ¿se hará responsable?, ¿le dará el apellido o se irá como los nuestros?

Mientras conversaba, una enfermera interrumpió bruscamente y comenzó a pedirle sus datos. Así recibió María, por primera vez, atención médica en su sexta semana de embarazo y empezó un camino que es común para muchas, pero único hasta entonces para ella: ser madre.

 

Esta historia nos demuestra la necesidad de contar con servicios que contribuyan a disminuir esta problemática en particular en  Latinoamérica que constituye la tercera región en el mundo con mayor tasa de fertilidad en adolescentes de 15 a 19 años, según un estudio del Banco Mundial del 2013, denominado Embarazo adolescente y oportunidades en América Latina y el Caribe: sobre maternidad temprana, pobreza y logros económicos.

 

La tasa de fertilidad adolescente en la región es de 72 nacimientos por cada 1.000 mujeres de entre 15 y 19 años, lo que ubica a América Latina solo por debajo de África subsahariana y el Sur de Asia (con tasas de 108 y 73 respectivamente), ubicándose la mayoría de los países de la región dentro de los 50 países con los mayores índices de fecundidad en adolescentes en el mundo y ocho de éstos (Nicaragua, República Dominicana, Guatemala, Honduras, Venezuela, Ecuador, El Salvador y Panamá), dentro de los primeros 40.

 

En el caso particular de la República Bolivariana de Venezuela, constituye un desafío para el desarrollo de niños, niñas y adolescentes, ya a que según elXIV Censo Nacional de Población y Vivienda del año 2011 en Venezuela residen 27.227.930 habitantes, de los cuales 42,5 % son niños, niñas y adolescentes de ambos sexos. Dicha cifra se divide entre 31,3% niños y niñas entre 0 y 11 años de edad y 11,2% adolescentes con edades comprendidas entre 12 y 17 años. Según el mismo censo, el porcentaje de nacimientos vivos registrados de madres menores de 19 años es de 23%. Con estas cifras podemos concluir que es urgente tomar acción.

 

Atendiendo esta realidad, la división de Protección Social y Salud del Banco Interamericano de Desarrollo está apoyando el diseño de un modelo de prevención y atención al embarazo en edad temprana y en adolescentes, basado en diagnósticos y estudios paralelos sobre el circuito de servicios que utilizan los adolescentes embarazados.

 

Resultados preliminares de dicho estudio muestran que son muchos los factores biológicos, sociales y culturales que definen el futuro de madres y padres adolescentes. Por ello se debe tomar en cuenta que cuando ellos asisten a un centro de salud, están tomando una iniciativa llena de valentía y de expectativas, más aún si esos jóvenes  son pobres y buscan los servicios para continuar, el largo camino que implica acceder a oportunidades para su desarrollo individual y familiar. (el estudio completo estará disponible muy pronto en nuestra biblioteca virtual)

 

¿Conoces a Marías en tu comunidad? ¿Qué tipo de servicios tienen a su disposición?.

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