• Jun. 14, 2008, 11:52 a.m.
Cierto día conversando con un viejo amigo de la secundaria recuerdo haberlo oído citar a un escritor llamado Efraín Villegas Quintero (q.e.p.d) diciendo que el fanatismo es, ha sido y será siempre el castigo de la humanidad, lo que me llevó a pensar si ese planteamiento era tan absoluto como sonaba. Después de un tiempo maquinándolo en mi cabeza, me di cuenta que desgraciadamente, es así.

El fanatismo religioso, político, cultural, social, etc. nos vuelve ciegos, nos pone una venda sobre los ojos y no nos permite ver objetivamente lo que sucede a nuestro alrededor. No hablamos de nacionalismo, de orgullo, de defender la libertad de expresión o la libertad democrática, sino de ser inteligentes, de tener astucia y crearnos una visión crítica de nuestro entorno.

Pero cuidado, al referirme a visión crítica no hago alusión a muchos comentaristas, por ejemplo, que dicen cosas como ¿no tenías nada mejor que escribir? o “la política y la religión tienen sumida al país en la pobreza”, por favor damas y caballeros, seamos realistas y sinceros, tal vez no con los demás pero al menos con nosotros mismos y digámonos ¿qué hago yo para cambiar algo?.

Es muy fácil criticar, señalar y buscar culpables, pero es sumamente difícil trabajar, esforzarse y encontrar soluciones. No digo que sea malo corregir a los demás, incluso reprenderlos por las malas acciones que cometen, sin embargo nada ganamos buscando a quién matar, culpar o destruir.

Nicaragua necesita un cambio de mentalidad, necesita de un soplo de aire fresco que venga a disipar un poco el olor a corrupción y cinismo que han dejado todos los gobiernos que ha tenido nuestra nación. Pero esos líderes no se hacen con turbas y protestas violentas, esos líderes se forman estudiando, preparándose y como mencioné antes formando en las nuevas generaciones visiones libres de la maldición del fanatismo que nos persigue desde que el mundo es mundo.

En efecto la política e incluso el fanatismo político en Nicaragua cada día va de mal en peor, pero considero que ese no es el más grave problema que tenemos, pues en todos los países del mundo existe la corrupción; lo verdaderamente preocupante es que seamos extremistas, pues si hay algo que tenemos los nicaragüenses es que no nos gustan los términos medios.

Por ejemplo ¿quién estaría dispuesto a sacrificar la mitad de los días feriados que tenemos en nuestro calendario – que son más de los que muchos países de América tienen—e ir a trabajar esos días sin cobrarlo como horas extras?, la respuesta, casi nadie.

A veces creo que somos un caso perdido, que aunque nos digan misa –como decimos comúnmente en nuestro país—no vamos a cambiar simplemente porque así nos hizo Dios, Alá, Buda, la naturaleza, o quien sea que crea cada uno que le dio la vida. No obstante creo necesario apoyar desde aquí a que rompamos esas cadenas del fanatismo que nos tienen tan destrozados física, intelectual, moral y espiritualmente.

Asimismo quiero dejar en claro que apoyo la lucha de Dora María Téllez y Róger Francisco Arias, no por fanatismo, sino porque así como mucha gente creyó en Daniel Ortega y otros que le dimos el beneficio de la duda, todos se merecen demostrar que las personas cambian para bien y que aunque el pasado no puede repararse, si se puede intentar construir un mejor mañana.

En necesario apartar de una vez los rencores y el odio, para que las heridas empiecen a sanar y claro, si algo no nos gusta hay que cambiarlo, pero no con vandalismo, ofensas y daños a los derechos civiles de otros, sino controlando la ira para convertirla en energía positiva y así con hechos, demostrar que realmente somos “Nicaragüenses por gracia de Dios”.
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