• Ago. 18, 2014, media noche

 

Mi madre no puede dormir. Muchas noches se despierta con miedo de que él rompa las puertas de la casa, entre a su habitación, y  aproveche para cumplir su cometido.  Tampoco puede andar sola por las calles. Siente que le persigue y constantemente tiene que volver la vista atrás para confirmar que no viene con el arma asesina para intentar matarla como lo hizo aquella tarde de domingo.

 

Dicen los testigos que aquel día él estaba borracho y que si ella no hubiese corrido, y gritado insistentemente la hubiese crucificado tal y como lo había insinuado desde hace tiempo. Pero los gritos de mujer desesperada fueron más fuertes que las ansias asesinas de aquella bestia humana que al final de la tarde tuvo que huir de la Policía como las ratas, con la complicidad de dos amigos suyos.

 

Si  el caso de mi madre hubiese ocurrido hace unos meses el agresor probablemente estaría condenado por tentativa de femicidio y de otros delitos concurrentes. Sin embargo, las cosas han cambiado en Nicaragua con el tema de la violencia contra las mujeres.   

 

El Gobierno aprobó hace unos días vía decreto la Reglamentación  de la Ley 779 o “Ley integral contra la violencia hacia las mujeres”. Esta norma fue aprobada por el Parlamento en junio del 2012 y promovida por las organizaciones no gubernamentales pro defensa de las mujeres.  En esa reglamentación, extemporánea por cierto, el Ejecutivo modificó varios aspectos sustanciales de la misma.

 

Antes el femicidio lo cometían los hombres en relaciones desiguales de poder cuando mataban a una mujer en el ámbito público o privado. Ahora ese delito está limitado a las relaciones de parejas y las que no lo sean, serán  tipificadas como asesinatos.

 

El reglamento incluye también la creación de unas estructuras comunitarias o consejos de vecinos que si bien, están recogidas en el recién aprobado Código de la Familia, éste todavía no ha entrado en vigor. A juicio de las organizaciones civiles esto crea un vacío legal y obstaculiza el acceso de las mujeres a la justicia y al final crea más violencia.

 

Ahora bien, el Gobierno ha defendido con uñas y dientes estos cambios, argumentando a través de sus magistrados en la Corte Suprema de Justicia que era necesario aclarar varios aspectos que provocaban confusión en los instituciones encargada de aplicar esa norma.

 

Dicen que el delito de femicidio solo se cometería en el ámbito privado,  es decir en los casos de parejas, dejando por fuera casos como el de mi madre que sin ser pareja del agresor, ha estado muy cerca de él desde hace mucho tiempo, o el de las abuelas que son maltratadas por sus nietos y que conviven en la misma morada.

 

Arguyen que desde que se aprobó la ley, las cárceles están llenas y que ya no pueden soportar más a tantos hombres agresores, como si el problema fundamental fuese del hacinamiento de las cárceles que también lo es.

 

A mi juicio esos cambios a la ley eran necesarios, pero desde una lógica de protección a las víctimas y no desde la impunidad que se puede generar con la misma. No es correcto para mí que las mujeres, cuenten primero su calvario frente a un grupo de vecinos organizados de acuerdo a intereses partidarios,  que muchas veces conviven en un ambiente machista y de dominación, que no son capaces de interpretar la profunda realidad de las mujeres y que luego interpongan la denuncia en la comisaría.  

 

No estoy seguro que los cambios en la ley vayan a parar la sangría de muertes de mujeres a manos de éstos hombres que  hacen alardes de sus testorenas en cualquier ambiente, ya sea público o privado. Lo que sí sé  es que mi madre no está bien desde aquel día.  Que llora con facilidad por cualquier situación y que hasta ha llegado a perder el conocimiento como consecuencia del estrés emocional al que le han sometido el agresor y su familia. Si esto no es violencia familiar en todos los ámbitos que venga Dios y que lo vea! 

 

* El autor es Periodista. Tiene un Máster en Comunicación Periodística, Empresarial e Institucional por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y además ha creado el blog: tropecientaspalabras.worpress.com. Twiter:@Deylin_G Facebook: Deylin Gutiérrez

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