• Ago. 31, 2014, media noche

 

La Comisión Interamericana de Derechos Humano, CIDH,  acaba de denunciar lo que  varias organizaciones mexicanas vienen señalando desde hace muchos años: México criminaliza a los niños migrantes de la región centroamericana.  Lejos de ser un país comprensivo con la situación de los migrantes -por la parte que les toca-   se han vuelto un obstáculo más para los miles de ciudadanos que pasan por esas tierras en busca del “sueño americano”.

 

El principal organismos de derechos humanos del continente ha presentado un informe en el propio territorio mexicano en el que acusa a las autoridades de ese país,  tras constatar el  aumento de los niños migrantes, quienes han hecho poco o nada para atajar esta problemática.

 

La CIDH ha señalado que la actuación de México frente a lo que ellos llaman “una crisis humanitaria” ha sido contraria a los estándares internacionales de derechos humanos y a la propia Constitución de ese país.

 

Felipe González, relator de la CIDH,  reconoció que “en México la situación no ha cambiado, persisten las violaciones sexuales  contra niñas, niños y adolescentes, los secuestros, las detenciones, las ejecuciones de migrantes, y muchas de esas violaciones son cometidas por policías, criminales comunes y el crimen organizado”.

 

La presentación del informe ha traído como consecuencia  que  el Gobierno Federal de México se haya comprometido a reorientar sus políticas migratorias ante los numerosos reportes de abusos y maltratos  de los inmigrantes.

 

Pero todos sabemos, que a la hora de la verdad  esos son solo compromisos y que el comportamiento de México con los menores inmigrantes y con el resto de gente que pasa por su territorio, depende más de lo que diga Estados Unidos  que de lo que hagan o digan ellos.

A raíz del escándalo con los menores inmigrantes, el periódico El Universal de México,  publicó una investigación periodística en la que denunciaba al  gobierno de ese país por negar el asilo a los niños, pese a tener constancia  del riesgo de deportarlos.

 

La publicación  señalaba que  en 2013 se detuvo  a 9, 893 niños procedentes de varios países centroamericanos, de los cuales solamente 50 obtuvieron el estatus de refugiados.  El resto (84%) fueron deportados y  solamente 1,493 se quedaron ahí porque tenían algún vínculo con un mexicano.

De Enero a Julio de este año, las autoridades mexicanas han deportado  a 7,600  menores de Centroamérica y solamente 1 de cada 10 ha conseguido el asilo.

 

Pero a los organismos de derechos humanos de México les preocupa  la política de detención y de deportación  sistemática de menores  no acompañados,  sin  saber  siquiera si se les aplicó un debido proceso de asilo  o se les deportó a pesar del riesgo.

 

El Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdova denunció recientemente un caso que retrata  la difícil situación que atraviesan los menores inmigrantes en México.

 

Se trata de un joven de 17 años, originario de El Salvador,  quien intentó quitarse la vida colgándose de una sabana en un albergue para menores de Tapachula, en el estado de Chiapas. El muchacho huía de la violencia de su padrastro y de las amenazas de muertes de las pandillas y en el  centro era acosado por su aparente bisexualidad. Al adolescente le negaron el asilo.

 

Aunque las autoridades mexicanas se empeñen en decir que la migración de menores no puede bajo ningún  concepto interpretarse como un problema de seguridad, y que no hay ninguna intencionalidad de violentar la integridad de éstas personas, la realidad dice lo contrario.

 

Hace tiempo ya,  México perdió soberanía sobre sus  decisiones políticas en relación a los inmigrantes centroamericanos -si es que alguna vez las ha tomado-  se ha plegado a los intereses de su vecino del norte y  ha ninguneado a los del sur sin recibir nada a cambio.

 

Si no es así, que se lo pregunten a los millones de mexicanos que llevan años esperando la famosa reforma migratoria y que saben que no  será fácil, pues para los políticos del norte no hay amigos, si no intereses, y por ahora eso  no es una prioridad aunque quieran hacernos creer lo contrario. Lo triste de toda esta historia es que los mexicanos con tal de quedar bien con Estados Unidos son capaces de pelearse hasta con la misma “Virgen de Guadalupe”.

 

 

* El autor es Periodista. Tiene un Máster en Comunicación Periodística, Empresarial e Institucional por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y además ha creado el blog: tropecientaspalabras.worpress.com. Twiter:@Deylin_G Facebook: Deylin Gutiérrez

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