• Sept. 2, 2014, media noche

América Latina vivió en el siglo XX una explosión de población urbana que nos ha legado un formidable déficit habitacional. ¿Cómo dar respuesta a la necesidad de más y mejores viviendas? Existen mecanismos no explorados o sub-utilizados. Uno de ellos es el uso del suelo. Una buena gestión de suelo permite a los gobiernos locales recaudar recursos, disminuir el costo de la infraestructura y prevenir la informalidad. ¿Cómo se logra?

EL PROBLEMA

El rápido proceso de urbanización en LAC ha generado una fuerte demanda por bienes y servicios públicos que los gobiernos locales no han podido absorber. De hecho, el porcentaje de población urbana in LAC paso de 25% en 1925 a 75.3% en 2000. Hoy en día la cifra bordea el 80%, más que cualquier otra región en desarrollo y cerca los niveles de urbanización en Norte America.

Una de las consecuencias de esta rápida urbanización es la informalidad y los déficits de vivienda que caracterizan a nuestras ciudades. En efecto, se calcula que 27% de la población (cerca de 117 millones de personas) vive en asentamientos irregulares (UN Habitat, 2008) y 37% de los hogares presenta déficits habitacionales. Hoy en día este déficit es más cualitativo (31%) que cuantitativo (6%) lo cual demuestra la necesidad de inversión en infraestructura y bienes públicos. En el caso de Brasil, el déficit total asciende a 33% de los hogares: 6% cuantitativo y 27% cualitativo.

Las políticas de vivienda en LAC han aliviado el problema pero aun presentan retos. Por ejemplo, la vivienda pública ha sido por lo general cara, inadecuada, e insuficiente. Los subsidios de vivienda no han llegado a la población más necesitada y en contextos de oferta inelástica resultan en inflación de vivienda y suelo. Los proyectos de desmarginalización, aunque necesarios para mejorar la calidad de vida de la población en asentamientos informales, no solo han sido más costosos que una urbanización planificada (se calcula que entre 3 a 7 veces) sino que también pueden crear un incentivo adicional a mayor informalidad en el futuro (Aristizábal and Ortiz, 2002; IDB, 2012).

OPORTUNIDADES PERDIDAS

Frente a estos desafíos, hay amplio espacio para mejorar. Las fuentes tradicionales de recursos para financiar la infraestructura no están siendo utilizadas en todo su potencial. Por ejemplo, los ingresos por impuesto predial representan solo el 0.37% del PIB de la región cuando en los países de la OECD esta proporción puede llegar a 2.12%. Esto es, 5 veces más (Uribe and Bejarano, 2008).

SOLUCIONES POR EXPLORAR

En este contexto, los mecanismos de gestión de suelo presentan una oportunidad para aumentar los ingresos públicos, disminuir los costos de infraestructura y permitir una aproximación preventiva a la informalidad. Por ejemplo, los mecanismos de captura de plusvalías que financian la infraestructura a través de la valorización que ella misma produce, integran las dimensiones fiscales y urbanas por ser al mismo tiempo una herramienta de financiación que puede afectar los patrones de desarrollo urbano y una herramienta de regulación de uso del suelo que permite optimizar el gasto público de las ciudades y generar ingresos fiscales (Ladd, 1998).

EL BID Y LAS POLÍTICAS DE SUELO

La integración de las políticas de suelo y vivienda dentro de un marco de desarrollo urbano, se constituye en uno de los principales objetivos de la acción del BID en las ciudades de LAC. Por esta razón, el Banco ha organizado un foro en la ciudad de Brasilia titulado “APLICACIÓN DE INSTRUMENTOS DE POLITICA DE SUELO Y SU IMPACTO EN GRANDES PROYECTOS HABITACIONALES PÚBLICO – PRIVADOS PARA LA GESTION TERRITORIAL”.  Este foro pretende mostrar el estado del arte de la implementación de mecanismos de gestión de suelo y analizar su impacto en grandes proyectos habitacionales implementados a través de asociaciones público privadas. Para este fin, el Banco ha convocado a los principales expertos en esta área para presentar las experiencias más relevantes en América Latina y el Caribe y discutir sobre los efectos de estos mecanismos y su potencial como parte de una política para desarrollar grandes proyectos habitacionales. El objetivo es analizar y proponer posibilidades de mejora en la gestión del suelo como una herramienta para el financiamiento del desarrollo urbano.

*en colaboración con Jason Hobbs

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