• Oct. 1, 2014, media noche

Esta historia relata la increíble transformación de un cerro de basura que por más de una década recibió aproximadamente 1.5 millones de toneladas de desechos (domésticos, hospitalarios, industriales) a razón de 100 toneladas por día, y en la actualidad es sin lugar a dudas uno de los jardines urbanos más bellos de Medellín, ubicado en el barrio de Moravia, en el corazón mismo de la ciudad.

Para la década de los 60, Medellín era una ciudad de porte medio (360 mil habitantes aproximadamente). Sin embargo, su crecimiento se daba a ritmo acelerado, en parte por su vocación industrial, pero también por el desplazamiento de la población campesina como resultado de la violencia que se vivía en el campo. Producto de esta última migración surge el barrio Moravia, ubicado en lo que hoy se conoce como el centro extendido de la ciudad, un espacio rodeado de las más importantes amenidades, sistemas ambientales estratégicos y equipamientos de la ciudad: el Parque Norte, la Universidad de Antioquia, el Museo Explora, el Jardín Botánico, la Terminal de Transporte y el  Centro de Innovación y Emprendimiento, y el río Medellín.

A pesar de su inmejorable ubicación, la zona que se conoce como el morro de Moravia fue receptora durante 12 años (1972 -1984) de los desechos sólidos que se producían en la ciudad. Bajo el esquema de botadero a cielo abierto, generó de manera artificial un promontorio de 40 metros de altura en una extensión de 7.5 hectáreas. Para el año 2001, convivían entre toneladas de desechos y múltiples plagas más de 15 mil personas que acamparon en este lugar rehuyendo a la violencia y con la esperanza de rebuscar—como decimos los colombianos—el diario vivir, a partir del reciclaje. El cerro y su población sostuvieron una fuerte interrelación durante más de tres décadas materializada a través del reciclaje de desechos plásticos, latas y cartón, usados para la construcción de sus nuevas moradas. Se calcula que para el año 2001 existían  2.300 ranchos levantados de manera precaria en los improvisados “terrenos”, que no eran más que el acto natural de cortar la basura para acomodar allí sus viviendas.

Las condiciones de los habitantes eran muy precarias, y solo contaban con 0.37 metros cuadrados de espacio libre por persona, sin agua potable, ni tratamiento de las aguas servidas. La población estaba  expuesta a riesgos geotécnicos y químicos debido a los desechos líquidos y gases tóxicos que emanaban de la montaña de basura. En el cerro era común ver los líquidos lixiviados verter por las callejuelas, mezclados con las excretas y las aguas superficiales, afectando la salud de sus habitantes. Esta zona tampoco estuvo exenta a la violencia que vivió la ciudad durante más de dos décadas. Por el contrario, fue allí donde más profundo se enquistaron las consecuencias de la desigualdad y el asedio de grupos armados al margen de la ley.

En 1985 se tomó la decisión de cerrar el antiguo basurero y se dio inició a su recuperación. Durante 1991 a través el Programa Integral de Barrios Subnormales de Medellín  (PRIMED) se emprendieron las primeras acciones para el mejoramiento del hábitat en Moravia. No obstante, es a partir del año 2000 en el marco de la formulación del Macroproyecto Urbano de Moravia que se trazaron las principales líneas de acción para la renovación y recuperación de la zona. La administración municipal, con apoyo de las universidades públicas y la comunidad, formuló el proyecto partiendo de una visión multidisciplinaria e intersectorial en respuesta a la complejidad del problema.

Una osada propuesta Urbana


Durante el 2004, formé parte del grupo de diseño de la Universidad Nacional que desarrolló una ambiciosa visión para la antigua montaña de basuras. ¿En qué consistía nuestra idea? En convertir este antiguo basurero en un hito urbano para la ciudad, un nuevo “cerro tutelar” para Medellín, el cual albergaría actividades recreativas y educativas en torno a la sostenibilidad socio-ambiental de la antigua montaña. Soñamos un gran espacio verde debidamente equipado (con aulas ambientales, canchas polideportivas, viveros, etc), articulado al sistema espacio público y accesible para todos los habitantes del barrio y la ciudad en general.

Como soporte a nuestra idea nos dimos a la tarea de revisar otras experiencias exitosas como lo eran para esta fecha los campos de golf construidos por los japoneses sobre antiguos vertederos de basura, e incluso el maravilloso paisaje que brindaba el jardín botánico de Barcelona ubicado en Montjuic para la imagen final del cerro de basura. Pese a la fuerte oposición de las autoridades ambientales y otras instancias, que para esa fecha veían con recelo las osadas propuestas del grupo de urbanistas, la idea fue adoptada por el gobierno municipal y pactada con la población residente.

¿Cómo pasar de una idea de tal magnitud a su materialización?


Con base en las propuestas urbanas, múltiples estudios científicos, y en paralelo al proceso de reasentamiento de 1.500 familias que habitaban el cerro. Las entidades del gobierno municipal, lideradas por el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, en cooperación con varias universidades, desarrollaron múltiples medidas de remediación del cerro. Estas medidas  incluyeron el uso de sistemas naturales como los buffer strips y  humedales construidos, implementados y probados en laplanta piloto de tratamiento de lixiviados, cuyo objetivo era el manejo de las aguas contaminadas. Se desarrollaron intervenciones paisajísticas a través del programa de Jardines Comunitarios promovido por la Catedra UNESCO de Sostenibilidad (parcelas de fitorremediación y biorremediación) para la extracción de metales pesados. En paralelo se construyeron espacios públicos y equipamientos comunitarios periféricos al cerro. Este conjunto de medidas aseguran no solo la recuperación y descontaminación de esta zona degrada, sino la sostenibilidad de las intervenciones.

El cerro de Moravia ha sido un importante laboratorio urbano para la ciudad de Medellín. En el ámbito internacional esta intervención aparece como modelo, no solo por la incorporación de tecnologías sostenibles, sino por  los procesos de participación social  que han sido uno de los factores clave para su transformación. Este nuevo jardín urbano de Medellín, es una clara muestra para los tomadores de decisiones, funcionarios del gobierno y comunidad en general que es posible soñar soluciones arriesgadas y hacerlas realidad, incluso a partir de los escasos recursos y debilidades institucionales que aquejan nuestras administraciones locales.

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