• Oct. 7, 2014, media noche

Por Karelia Villa

 

¿Qué alternativas tenemos para prevenir la violencia juvenil?

 

Por más de una década, la respuesta a esta simple pregunta ha sido uno de los retos más difíciles que buscamos resolver conjuntamente con los países. Una de las soluciones más novedosas – y prometedoras – de los últimos años ha surgido desde Chicago.

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Más sobre Chicago en breve. Un repaso de cómo estamos.

La población joven constituye la mayoría de víctimas y victimarios de los homicidios en América Latina y el Caribe. El 43 por ciento de todas las víctimas de homicidios en el mundo son jóvenes entre 15 y 29 años, y 7,9 por ciento de las víctimas son niños entre 0 y 14 años. En las Américas, una de cada siete víctimas es un hombre joven, según la UNODC.

 

Pero el nivel de homicidios varía de un país a otro, y difiere al interior de cada país, e incluso en las ciudades. En ocasiones, la violencia ocurre más en algunos barrios, sobre todo en aquellos con menores ingresos y en las afueras de las grandes metrópolis.

 

Como consecuencia, 1 de cada 50 hombres jóvenes que reside en zonas de bajos ingresos en la región será víctima de un homicidio antes de alcanzar los 31 años. Esta situación es particularmente grave en los países de Centroamérica.

 

En los últimos años se ha destinado una importante cantidad de esfuerzos para atender este problema. Tan sólo en la región de Centroamérica, una gran parte de la cooperación internacional está dedicada a prevenir la violencia de jóvenes en riesgo, lo que equivale a una inversión de US$ 221 millones en los últimos siete años, según un mapeo que hemos realizado con la ONG WOLA.

 

No obstante, cada vez más, la pregunta gira en torno a ¿qué resultados se están alcanzando en la región con este tipo de intervenciones? ¿Cómo medir lo que se está logrando?  Más aún, ¿qué tipo de intervenciones son efectivas en situaciones particularmente críticas de violencia juvenil?

Aún se trabaja para dar respuestas, pero en la región empiezan e surgir experiencias que están siendo analizadas por sus buenos resultados.   Contar con un programa con efectividad comprobada, claros criterios de implementación, metas claras y flexibilidad para ser implementado en diferentes países, a la medida de las necesidades de sus ciudades e incluso de acuerdo a las características de cada barrio, es una buena práctica como “Cure Violence”.

 

Cure Violence, es uno de los pocos programas que han resultado ser efectivos en prevenir la propagación del delito de mayor impacto social como es el homicidio en barrios vulnerables.  Basándose en el modelo de salud pública para combatir la violencia y trabajando con pandillas, busca la resolución pacífica de conflictos entre jóvenes en riesgo. Más aún, procura verdaderos cambios en conductas y normas en la comunidad.

 

Este programa fue originalmente implementado en Chicago a fines de los 90, donde logró reducir el número de homicidios hasta en un 24 por ciento y ha sido replicado en otras ciudades del país, y ahora comienza a propagarse en países como Trinidad y Tobago, Colombia, México y Honduras.

Los invito a ver la video entrevista con Brent Decker, el director internacional para Cure Violence, donde habla de los resultados obtenidos en Chicago, los fundamentos del programa, y cómo adaptan el método en América Latina y el Caribe.

 

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Karelia Villa es Máster en Políticas Públicas de la Universidad de George Washington y Lic. En Economía del Instituto Tecnológico y De Estudios Superiores de Monterrey, México. Desde el 2001 ha colaborado con el equipo de seguridad Ciudadana del BID, donde actualmente se desempeña como Especialista Senior en Modernización del Estado.

 

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