• Oct. 21, 2014, media noche

Durante los últimos cinco años, he estado trabajando en un proyecto para medir el desarrollo infantil de los niños de cuatro países de América Latina. Esto puede que no suene como la gran cosa o como algo necesario, pero les aseguro que lo es.

Últimamente, el desarrollo de la primera infancia está de moda. Ganadores del Premios Nobel como James Heckman han abordado el tema, el presidente Obama le ha dado una importancia clave en su gestión y la Presidenta Bachelet, en Chile, ganó un segundo mandato presidencial debido principalmente a los resultados que alcanzó en esta área en su primer período.

¿A qué se debe tanto alboroto?

Quizás algunos de ustedes recuerden un comercial que usaba la metáfora de un huevo crudo y un huevo frito para ilustrar la diferencia entre un cerebro sano y otro en drogas. Aunque las investigaciones del cerebro han avanzado mucho casi 25 años desde que este anuncio salió al aire, la metáfora sigue vigente. Sabemos que los cerebros vienen en diferentes formas y tamaños. Y también sabemos que, en particular, los más jóvenes, tienen que ser estimulados adecuadamente.

Los seres humanos nacemos con los órganos más importantes prácticamente formados, excepto por el cerebro. El 80% del cerebro se desarrolla entre el nacimiento y el tercer año. Además, muchas aptitudes básicas se aprenden entre los tres y los seis años. Entonces, ¿qué ocurre durante estos primeros años que luego tiene consecuencias para toda la vida? Es precisamente en este momento en que se forma la arquitectura del cerebro y se crean las bases para los aprendizajes, los comportamientos y la salud de cara al futuro. Es decir, el crecimiento de los niños y lo que él o ella pueden lograr en su vida adulta depende de si estas bases son sólidas o vulnerables.

La falta de cuidado y de estimulación adecuada puede freír un cerebro. Particularmente un cerebro joven. Al igual que un huevo “frito” ya no se puede regresar a la cáscara, un cerebro con un desarrollo vulnerable tiene posibilidades limitadas en el futuro.

Por esa razón, el Proyecto Regional de Indicadores de Desarrollo Infantil (PRIDI) busca medir el desarrollo en los niños de 24 a 59 meses y entender los factores que lo afectan. PRIDI creó, por primera vez, datos comparables de desarrollo infantil, no sólo dentro de los países, sino también entre países. Al igual que los esfuerzos regionales e internacionales para medir y comparar la calidad de la educación (por ejemplo, LLECE, PISA, PIRLS y TIMSS), PRIDI proporciona una línea de base empírica para comprender los diferentes niveles de desarrollo infantil en Costa Rica, Nicaragua, Paraguay y Perú. Aunque los resultados varían, también existen puntos comunes y tendremos la oportunidad de presentarlos formalmente el 11 de diciembre en un evento en la sede del BID en Washington DC.

Por supuesto, les puedo dar un adelanto, solo para ustedes queridos lectores de nuestro blog.

La crianza y la estimulación son muy importantes para el desarrollo infantil. Lo que los padres hacen con sus hijos, por ejemplo, si leen con ellos, les cantan, les cuentan historias o juegan está asociado con el desarrollo cognitivo, socioemocional, lingüístico y psicomotor. Las brechas entre los niños más pequeños (2 años) criados en entornos estimulantes y  aquellos que no, son muy importantes para el desarrollo de los niños y no se cierran a medida que crecen. En algunos países, las brechas incluso se expanden con el tiempo. Además, existen grandes desigualdades. De hecho, el desempeño de los niños que han crecido en ambientes enriquecedores no es igual que el de sus compañeros no estimulados y es posible que estos últimos nunca alcancen a los primeros. La falta de estimulación “fríe” los cerebros más jóvenes y les limita sus posibilidades actuales y futuras.

¿Cuál es la buena noticia? Quizás, criar un niño resulte menos complicado de lo que pensábamos. Las interacciones de calidad entre los adultos y los niños como cantar, leer o jugar no cuestan dinero ni están reservadas solo para los ricos.

En blogs posteriores, discutiremos hallazgos más específicos.

 

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