• Nov. 4, 2014, media noche

Hasta hace no mucho tiempo, las calles y entorno urbano de Washington DC parecían no guardar relación con el capital político y de conocimiento que concentran sus hermosas casas y majestuosos edificios.

 

El éxodo de las clases medias hacia los suburbios en busca de un sueño americano que viajaba en automóvil, y las revueltas que clamaban igualdad y justicia para el pueblo afroamericano, hicieron que, entre 1950 y el año 2000, más de un cuarto de la población saliera y dejará tras de sí una ciudad fragmentada e insegura.

 

La “capital del crimen,” como se le conocía a principios de la década de los 90 por tener los mayores índices de homicidio en el país, es actualmente una de las ciudades de Estados Unidos que atrae mayores inversiones y población.  El proceso de transformación urbanística que se inició en Washington DC hace poco más de una década, intenta romper con el modelo expansivo y de baja densidad que imperó desde mediados del siglo XX en las ciudades norteamericanas—y también en nuestra región—y   reemplazarlo por uno donde las zonas centrales recobran su función integradora que permite que las personas y la economía local prosperen. El nuevo rostro de DC se ha ido modelando a partir de objetivos que promueven la re-densificación de la ciudad y el crecimiento económico a partir de principios de convivencia y desarrollo mucho más amables en términos sociales y ambientales.

 

El Plan de Sustentabilidad de DC captura esta visión que a partir de un enfoque integral ha permitido que este ícono político y económico se considere hoy en día una de las ciudades más innovadoras,  la más caminable y la tercera en el rango STAR de sustentabilidad de los Estados Unidos.

 

En materia de energía, transporte y ambiente construido, algunas de las metas del Plan de DC es que para 2032 las nuevas y existentes edificaciones cumplan con estándares cero-energía;  la ciudad emita la mitad de  gases de efecto invernadero; haya incrementado en 50% el uso del transporte público y en 25% el uso de bicicletas para viajes de trabajo y; que todos los residentes tengan un área verde a menos de 10 minutos caminando y una variedad de opciones de entretenimiento a 20.

 

Estas metas se complementan con otras relacionadas con el uso y manejo de agua, generación, manejo y disposición de residuos, ampliación de áreas verdes y cultivables para consumo local, entre otras,  lo cual habla de una buena vinculación de políticas, al menos en términos de planeación.

 

Varias de las acciones tienen enorme potencial. Los cambios en las normativas de uso de suelo para reducir los espacios de estacionamiento en las nuevas edificaciones cercanas al transporte público, la expansión de ciclorutas (50 millas hasta ahora) del exitoso programa de renta de bicicletas Capital Bikeshare y la ampliación de las rutas de transporte masivo, permitirán seguir reduciendo el número de viajes en automóvil—que este año es por primera vez menor al número de viajes en transporte público—y   acercar  a DC a las metas planteadas .

 

También a través, de la rehabilitación de edificaciones en desuso y la agilización de trámites para obtener permisos temporales en dichos espacios para usos comerciales, comunitarios y/o artísticos, entre otras medidas, se han ido densificando barrios abandonados donde florecen pequeños negocios y la vida artística y comunitaria de la ciudad. Los programas de incentivos para comprar equipos ahorradores y mejorar el rendimiento energético de los inmuebles,  el reemplazo de luminarias en el alumbrado público y la ampliación e incremento de los estándares LEED en las nuevas edificaciones—hoy con casi 1,400 proyectos registrados—van haciendo más corto el camino de la ciudad hacia sus metas.

 

Sin embargo, Washington DC enfrenta retos grandísimos para conseguir una equilibrada distribución de los beneficios para todos sus habitantes. La creciente llegada de jóvenes del milenio y población blanca con altos grado de escolaridad, ha dejado al margen a los antiguos residentes cuyos ingresos son insuficientes para cubrir el costo de vivienda (renta/hipoteca y servicios de luz, agua), hoy considerado el más alto en el país. Para ello, entre otras cosas, se requiere incrementar en la oferta de viviendas de interés social en el centro y mejorar el acceso y conectividad de aquellas situadas en la periferia, de manera tal que no se perpetúen  las condiciones de pobreza de las personas de menores recursos desvinculadas de los servicios de la ciudad y que destinan una mayor proporción de su ingreso al transporte en comparación con los residentes de los barrios céntricos.

 

A pesar de que se han ido integrando y diversificando los barrios de la ciudad, todavía persisten las dos realidades de bienestar y pobreza que Martin Luther King denunciaba hace más de 50 años, y una de las tasas de desigualdad más altas del país. El Plan de Sustentabilidad de DC identifica diversos instrumentos para que el espacio físico y los servicios de la ciudad ayuden a reducir esas brechas. Quien resulte vencedor en las elecciones de alcalde de esta semana, es quien definirá el peso y el alcance de tales acciones.

 

Desde la Iniciativa de Ciudades Emergentes y Sostenibles, buscamos fortalecer esta visión integral que combina las dimensiones ambientales, sociales y económicas de la sostenibilidad urbana para que las ciudades de América Latina y el Caribe—tal como Washington DC está proponiendo—sean  espacios de competitividad, innovación y protección de los ecosistemas en un contexto de equidad y bienestar social.

 

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