• Nov. 4, 2014, media noche

En época de Halloween las brujas vuelven a volar en sus escobas. Más allá de los cuentos, ¿qué sabemos de ellas? Hablamos de mujeres independientes alejadas del modelo establecido, desde parteras y curanderas a esposas desobedientes. Mujeres que descubrieron la fuerza de formar redes con otras mujeres y que fueron duramente castigadas como ejemplo de lo que les esperaba a las que escapaban del rol sumiso y doméstico. ¿Fueron las brujas las primeras feministas?

 

Lo fueran o no, ambas, brujas y feministas, parecen ser percibidas como un mal milenario. Las personas que se autodenominan feministas son acusadas de no querer a los hombres, como si feminismo fuese el antónimo de machismo.

 

Últimamente me han llamado la atención en internet numerosos contenidos relacionados con el feminismo, algunos atinados (como este video de Joseph-Godon Levitt o éste de Ellen DeGeneres) y otros muchos muy mal enfocados y desinformados, que confunden al lector y presentan al feminismo como la fuente de todos los males.

 

Un ejemplo de esto último es el movimiento Yo no necesito el feminismo, que agrupa fotos de mujeres con carteles donde expresan opiniones como “yo no necesito el feminismo porque creo en la igualdad entre hombres y mujeres” o “yo no necesito del feminismo porque mi novio y yo nos amamos”.

 

Vamos a empezar por lo básico, la definición de la Real Academia Española (no precisamente sospechosa de ser feminista):

 

feminismo

 

1. m. Doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres.
2. m. Movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres.

Entonces, ¿de qué hablan esos carteles? Lo que ocurre es que en ocasiones el feminismo es confundido con la misandria o hembrismo, neologismos que hacen referencia al desprecio hacia los pares masculinos y a que las mujeres son mejores. Otra confusión muy común es con la misoginia ejercida por mujeres, que critican a otras por no comportarse según un imaginario de lo que ellas consideran ser una mujer fuerte.

 

Qué significa ser feminista

 

Lo cierto es que ser feminista no es tratar al mundo con ira por no encajar en una imagen preconcebida de lo que debería ser una mujer sino, por el contrario, trabajar en la construcción de una sociedad donde hombres y mujeres disfruten de igualdad de derechos y oportunidades.

Ser feminista es reconocer, por ejemplo, que hasta no hace mucho las mujeres no tenían acceso a puestos de poder o ciertas carreras profesionales y que, a pesar de que hay hombres y mujeres que trabajan por la igualdad de género, aún existen brechas que hacen que el feminismo siga siendo necesario. Algunos ejemplos de Latinoamérica:

  1. Mercado laboral: En promedio, las mujeres ganan un 17% menos que los hombres. Y aunque su participación laboral ha aumentado, su tasa de desempleo sigue siendo más alta: 9,3% frente al 6,5% de la masculina.
  2. Violencia: Entre el 17% y el 53% de las mujeres de la región ha sufrido violencia física, psicológica y/o sexual por parte de su pareja.
  3. Pobreza: El 70% de las personas que viven en la pobreza son mujeres y la mayor parte de los hogares que viven en la pobreza tienen jefas de familia.
  4. Puestos de decisión: Las mujeres únicamente ocupan el 25% de los escaños en nuestra región y el 5% de los Consejos de Dirección de las empresas a nivel mundial.

¿Somos feministas? Respondamos sí, si entendemos que es necesario trabajar por la igualdad entre hombres y mujeres. Respondamos sí, si queremos un futuro donde las oportunidades sean iguales sin importar nuestro género. Respondamos sí, si no queremos que nos sigan asustando con demonios inexistentes…

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