• Nov. 27, 2014, media noche

Mientras levantaba los ojos de mi periódico en el metro, una mujer llamó mi atención. Las marcas de morados escapaban más allá del contorno de sus gafas oscuras y un hombre le susurraba enojado mientras ella miraba al suelo con expresión abatida. Cuatro paradas más tarde él se puso de pie y le dijo: “Muévete, nos bajamos”. Mi cuerpo se tensó, se me aceleró el corazón y me dije a mí misma, ¿qué puedo hacer? ¿Cómo puedo ayudar?

Desde entonces, con frecuencia miro a mi alrededor mientras recuerdo que, en todo el mundo, 1 de cada 3 mujeres experimenta violencia alguna vez en su vida. Y esta proporción es aún mayor en algunos países, como Bolivia (1 de cada 2).

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Hoy es el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer (VCM). En este día, la División de Género y Diversidad del BID quiere compartir datos clave sobre la violencia contra la mujer en América Latina y el Caribe y echar un vistazo tras esas gafas oscuras. Y, aunque los datos hablan por sí mismos, quiero destacar dos hechos:

Sólo el 14% de las mujeres que sufren violencia en ALC lo denuncia.

Muchos factores deben darse para que las mujeres denuncien la violencia. Como mínimo, deben darse mejores medidas para reducir su miedo a que la presentación de una denuncia significará más violencia, humillación o pobreza. En Guatemala, el Modelo de Atención Integral del Ministerio Público, con ayuda especializada las 24 horas, ofrece un enfoque prometedor sobre cómo ofrecer servicios confidenciales a las mujeres que deciden denunciar, prevenir el sufrimiento o revictimización adicional mientras buscan los servicios, y acelerar las medidas de protección.

Además, dos enfoques prometedores han surgido en ALC para fomentar la autonomía económica entre las sobrevivientes: la prestación de servicios de capacitación profesional y desarrollo de negocios junto a otros de atención a la violencia (como Ciudad Mujer en El Salvador) y la integración de formación sobre género y  VCM en programas de microcrédito (como el proyecto IMAGE Perú).

Los niños y las niñas que son testigos de violencia en casa tienen más probabilidades en la edad adulta de perpetuar y sufrir este tipo de violencia.

Para evitar futuros actos de violencia es necesario invertir más en el desarrollo de habilidades de crianza positiva y en la educación de niños y jóvenes en materia de igualdad de género y relaciones no violentas. Y contar con los hombres en estos procesos como padres y modelos a seguir es esencial. El Programa P, desarrollado por PROMUNDO en Brasil, y Citas Seguras en los EE.UU., son ejemplos de enfoques eficaces.

Es urgente que ayudemos a romper este silencio y detener el ciclo intergeneracional de la violencia.

Ciertamente, abordar esta cuestión de forma más completa requiere un enfoque multisectorial. Para contribuir a este esfuerzo el BID, el Banco Mundial y el Instituto Mundial de Mujeres de la George Washington University lanza el 3 de diciembre una Guía de Recursos sobre la Violencia contra Mujeres y Niñas que les invito a consultar (también puedes asistir al evento de lanzamiento). Ofrece prácticas prometedoras y recomendaciones concretas para abordar este tipo de violencia desde diferentes sectores: salud, educación, seguridad y justicia, gestión del riesgo de desastre, protección social y financiación y desarrollo de negocios.

Hay mucho que podemos hacer para ayudar de varias maneras. En tu caso ¿qué puedes hacer hoy, ahora, en tu lugar de trabajo o en tu comunidad para contribuir a erradicar la violencia contra las mujeres?

 

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