• Nov. 27, 2014, media noche

Por Pablo Ibarrarán, Nadin Medellín y Marco Stampini

 

Los programas de transferencias monetarias condicionadas (PTMC) constituyen la principal intervención en la protección social de la población pobre y vulnerable en América Latina y el Caribe. Hacia el año 2010, llegaban a casi130 millones de personas en 18 países y proporcionaban alrededor del 20% de los ingresos del grupo familiar beneficiario. El presupuesto de los países para programas maduros de PTMC llegaba a un promedio de 0,3-0,4% del PIB, con un registro máximo de casi el 1% en ciertos países.

 

Foto por Ted McGrath.

Los PTMC adoptan una estrategia a largo plazo. Procuran ayudar a familias pobres a superar la pobreza a través de la acumulación del capital humano de los hijos. En consecuencia, por lo general, los beneficiarios permanecen por largo tiempo en los programas. Algunos han considerado ese largo plazo como un factor que puede crear la dependencia del estado. En otras palabras, han comenzado a preocuparse de que las personas pobres no trabajarán o no tomarán un empleo formal porque no desean perder su derecho a recibir transferencias monetarias. ¿Pero qué nos indica al respecto la evidencia internacional?

 

La respuesta breve es “no”. En general, los PTMC no generan dependencia. Sin embargo, vale mencionarse una excepción a esta respuesta. Hay evidencia de que en Ecuador los PTMC produjeron una reducción en el empleo formal entre mujeres beneficiarias relativamente jóvenes y con buen nivel de educación. Con respecto a dicho grupo específico, aunque no hubo cambio en la oferta de mano de obra (un resultado bien establecido de los PTMC en general), el índice de formalidad en el empleo cayó en medio punto porcentual a partir de un valor inicial del 5%.

 

De hecho, la formalidad laboral aumentó en forma generalizada en Ecuador durante el periodo del análisis; sin embargo, para este grupo de beneficiarios de los PTMC el aumento fue ligeramente inferior. Es probable que este impacto se deba al valor relativamente elevado (según normas internacionales) de la transferencia ecuatoriana, como así también al hecho de que los mecanismos de selección incluían variables de empleo.

 

Aparte de la excepción mencionada, varios estudios realizados no encontraron impactos negativos en el mercado laboral. Mediante varias evaluaciones minuciosas se ha investigado el problema y no se han detectado reducciones a corto plazo en la oferta de mano de obra ni en el índice de formalidad laboral. Además, una investigación reciente ha hallado efectos a largo plazo en los resultados del mercado laboral en Colombia; dichos resultados incluyen un aumento en el empleo formal entre las mujeres beneficiarias.

 

El monto relativamente pequeño de las transferencias explica el hecho de que los beneficiarios de los PTMC no dejen de trabajar. Aunque representen una porción importante en los ingresos de los beneficiarios, las transferencias mantienen muy bajo su valor absoluto o en relación con el salario mínimo. Además, el hecho de que, en general, los beneficiarios no dejen de trabajar en el sector formal probablemente se deba a que, inicialmente, tienen un acceso muy limitado a dicho sector (por ejemplo, solamente el 1% de las familias extremadamente pobres en regiones rurales de Colombia tiene un miembro trabajando en un empleo formal).Tal situación no es sorprendente en virtud del nivel de escolaridad muy bajo de los adultos en las familias beneficiarias.

 

Hasta la fecha la mayor parte de la evidencia señala que los PTMC no constituyen un obstáculo para el empleo formal; sin embargo, hay países en la Región que toman medidas preventivas de manera dinámica para evitar la reducción en el índice de formalidad laboral entre la población elegible. Por ejemplo, en ciertos países se han excluido las variables laborales en los formularios de inscripción, como así también en la fórmula determinante de elegibilidad (por ejemplo, en Honduras).

 

Al mismo tiempo, hay varios programas que hacen un esfuerzo considerable para mejorar los vínculos entre los beneficiarios y las políticas activas del mercado laboral —mediación y capacitación laboral— a través de servicios nacionales de empleo (ej., México y Brasil) o a través de cambios en el programa de incentivos (ej., Chile).

 

Hay mucho por aprender sobre las maneras de mejorar los resultados que obtiene la población pobre en el mercado laboral en general y el beneficiario de los PTMC en particular. Además, es importante seguir analizando las interacciones entre transferencias, incentivos y el empleo formal. Después de todo, para reducir la pobreza es esencial tener mercados laborales eficientes que promuevan el acceso de la población pobre y vulnerable a empleos formales con mayor productividad. Mientras que —en todo sector de la economía— se implementen reformas que promuevan la productividad y la creación de puestos de trabajo, y tales reformas generen resultados, los directores de los PTMC deberán concentrarse en mejorar la implementación y los efectos de sus programas.

 

Conoce más sobre la estrategia del BID en protección social y pobreza.

 

Esta columna fue originalmente publicada en el  Blog Primeros Pasos del BID.

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