• Dic. 9, 2014, media noche

El trágico caso Ferguson ha colocado el modelo policial en el centro del debate sobre las prácticas policiales en Estados Unidos, y si la policía se ha militarizada en exceso. De hecho, la Casa Blanca busca promover prácticas de policías comunitarias, y el Presidente Obama ha creado una nueva comisión especial para hacer recomendaciones para una fuerza policial del siglo 21.

Es un debate que lleva algún tiempo en América Latina y el Caribe. El enfoque estratégico prevaleciente en América Latina y en buena parte del mundo era hasta muy poco el denominado “mano dura”, que veía a la policía como un agente del control del orden social y a los ciudadanos como potenciales enemigos de Estado.

Este enfoque está cambiando gracias al surgimiento de nuevos paradigmas más ajustados a la recuperada democracia en la región. Muchos países buscan implementar la llamada policía comunitaria, o de cercanía. Pero, ¿en qué consiste? A lo largo de nuestros trabajos en los países y en un repaso de la literatura, hemos identificado cinco elementos que construyen una policía verdaderamente comunitaria.

1. ACTIVA PARTICIPACIÓN DE LA COMUNIDAD: El paradigma de la policía comunitaria o policía de proximidad se refiere a un modelo de policía que se enfoca en el servicio y parte de un estilo participativo en la toma de decisiones. La orientación al servicio de la policía comunitaria le permite entender mejor y llevar adelante las responsabilidades sociales y políticas de la policía, así como reducir la actitud confrontacional entre la policía y la comunidad.

También las relaciones con otras instituciones del Estado son claves, así como con organizaciones de la sociedad civil. Es un modelo inclusivo en todo sentido, pues requiere el concurso de todos los actores sociales e institucionales, tanto a nivel nacional como local para la implementación de los planes de prevención de la violencia.

La concepción moderna de policía comunitaria es parte también de este cambio en la concepción del servicio de seguridad, pasando de ser un “Estado Policía” o las concepciones tradicionales de “Seguridad Pública”, a un modelo de “co-creación” del servicio. Es por esto que las comunidades mismas son partícipes en el diseño de planes de seguridad de sus barrios en muchos casos. Participan activamente en la prestación del servicio de seguridad abriendo canales de comunicación con su policía para pasar información sobre la ocurrencia de delitos o de inteligencia que le permita entender mejor la dinámica de los delitos y las preocupaciones de la comunidad. En esta nueva concepción de la “seguridad ciudadana”, los buenos resultados dependen de la colaboración entre los ciudadanos y el Estado.

En casos como el de Colombia, con su plan cuadrante, toda la comunidad tiene incluso el número de celular del Jefe de la Policía. Esto es otra señal de cercanía con la comunidad. En otros casos como Nicaragua, con sus centros de jóvenes, es impresionante ver como los jóvenes que antes corrían cuando veían un carro de la policía, ahora corren hacia el carro porque este los lleva hacia el centro de estudios.

2. AUTONOMÍA PARA TOMAR DECISIONES: Relacionado con lo anterior, la policía comunitaria es un modelo que da autonomía  profesional a los oficiales para que desarrollen su conocimiento y se orienten hacia sus responsabilidades sociales. Las relaciones con la comunidad son claves, pues ayudan a entender y enfrentar mejor el delito y la percepción de temor de los ciudadanos. Esto se contrapone con una policía basada en una estructura militar, con mayor rigidez jerárquica, donde un policía debe seguir las órdenes de los mandos superiores.

Esto se refleja también en cómo se ve un policía. El color de su uniforme, el uso de armas largas, de chalecos antibala, de grados militares y otros signos externos, afectan la percepción que se tiene de la entidad. Por ejemplo, policías vestidos de celeste, color que evoca un uniforme escolar, en lugar de verde oliva, que evocan más las épocas militares, son señales importantes.

Otro elemento es el medio de transporte utilizado. La moto o incluso la bicicleta, en lugar de una camioneta tipo pick up con “perrera” atrás para cargar detenidos, es un medio de transporte más adecuado para la policía comunitaria porque facilitan la comunicación con la ciudadanía y da una señal distinta del porqué está la policía en el lugar.

3. INVOLUCRA TODO EL CUERPO POLICIAL: No basta con que un policía tenga mayor autonomía. La policía comunitaria es una filosofía que debe ser recogida por todas las áreas de la policía, como ocurre en el caso de la Policía de Nicaragua, donde incluso en la gestión de los recursos humanos se involucra a la población. Se les pide a los vecinos que opinen sobre los candidatos a Policía.

No es suficiente la creación de algunas unidades denominadas “policía comunitaria”, si el resto de la institución mantiene el enfoque confrontacional de la “seguridad pública” y no asume un modelo de “co-creación” de la seguridad.

La implementación de este modelo requiere de cambios a nivel político, institucional y sobre todo, del personal policial. El énfasis de la formación de los nuevos policías no es en el manejo de armas, es en el manejo de relaciones con la comunidad y en el respecto a los derechos humanos. Se trata de un cambio en los valores, habilidades y actitudes de los policías.

4. TRABAJO CON UN ENFOQUE PROACTIVO: Otro de los paradigmas modernos muy vinculados es el de policía orientada a problemas. Lo que busca esta estrategia es un enfoque más proactivo y menos reactivo a los incidentes a los que respondía la policía de manera individual. De esta manera, el policía podría concentrarse más en los “problemas” que en los casos aislados. Estos “problemas” son incidentes de origen similar, que permiten a los oficiales entrenados encontrar patrones, causas comunes que puedan ser tratadas de una manera más proactiva. Esta estrategia implicó un cambio radical en el trabajo policial tradicional de simple respuesta a denuncias.

5. PROGRAMAS BASADOS EN EVIDENCIA CIENTÍFICA: El paradigma de policía basada en evidencias se refiere a que el trabajo policial se debe basar en la evidencia científica de lo que funciona mejor. Se debe utilizar a la investigación científica para evaluar y guiar la práctica policial.

Uno de los abanderados de este paradigma es el Profesor Lawrence Sherman. Proponen que se debe usar la mejor evidencia disponible para definir guías, productos, resultados e impactos del trabajo policial. Pero además implica la evaluación permanente de las operaciones actuales, de manera que la policía se vuelva una institución más reflexiva, mejorando permanentemente con retroalimentación permanente.

Algunos detractores de este enfoque, como el profesor Malcom Sparrow de la Universidad de Harvard, señalan que el trabajo policial debe estar basado en entender las dinámicas del crimen y luego “sabotearlas”, y como cada caso es tan particular, que es difícil encontrar evidencia aplicable. Las ciencias sociales plantean, según Sparrow, una restricción para el trabajo policial porque se enfocan en la pregunta “¿qué funciona?” a partir de técnicas de evaluación de programas. Métodos como los de las ciencias naturales, que se enfocan más en entender “¿cómo funciona?”, entendiendo las dinámicas y estructuras de riesgos específico, y luego ideando entendiendo como sabotearlas con intervenciones normalmente novedosas, pueden ser más útiles y aplicables para los retos de la operación policial.

La apuesta por un modelo de policía comunitaria está en línea con las últimas tendencias de reforma del Estado, que al ciudadano en el centro y lo entienden como un co-productor de los servicios públicos. Los invito a usar estos cinco elementos como una especie de checklist para identificar si la policía en su barrio ejerce realmente una práctica comunitaria, en línea como debe ser una fuerza policial del siglo 21.

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